jueves, 1 de marzo de 2012

El tiempo de los robles (sexta entrega)

El tiempo de los robles




Historias basadas en personajes y acontecimientos reales.



Por: Abel Carvajal





Alfonso Carvajal Botero, decada de los 60s.



©2012, Abel Carvajal. Derechos de autor reservados.

Prohibida su impresión, edición, publicación y distribución en cualquier medio para su venta o comercialización sin previa autorización escrita de su autor, así como las traducciones a otras lenguas. Para información adicional o contacto con el autor entre al blog: http://librosdeabelcarvajal.blogspot.com/



Capítulos 5 y 6 de la segunda parte:



5


MISIONES PELIGROSAS


El secuestro es sin duda uno de los negocios más malditos que existen y fue el del emperador inca Atahualpa por parte del conquistador Pizarro, apenas empezando el siglo XVI, el primero registrado en la historia del continente americano. A este codicioso malhechor español no le bastó que los leales incas le llenaran dos pirámides de plata y una de oro, como pago por el rescate de su gran rey, decidiendo ahorcarlo de una manera tortuosa y pública en vez de liberarlo. Una criminal escena que sería la antesala para el dramático teatro en que se convertiría la bárbara conquista europea de América.


En Colombia resurgió este inhumano crimen en los inicios de los años sesentas, pero esta vez por cuenta de los grupos insurgentes, bajo el pretexto de financiar su causa político-militar. El primer grupo guerrillero que inició esta pérfida práctica fue el autodenominado ELN (Ejército de Liberación Nacional), comandado en aquellos días por sus fundadores: los hermanos Vásquez Castaño. De los cuales uno de ellos goza hoy en día de un cómodo retiro en Cuba, bajo el alcahuete manto protector de su autoritario régimen. Sobra decir que su ideología política se declaraba procastrista.


¿Las principales víctimas? Ganaderos y agricultores, primero los más grandes y más tarde los pequeños finqueros y campesinos. Lo irónico es que a estos últimos, a los que precisamente pretendían reivindicarles sus derechos y protegerlos de la inequidad e injusticia social generada, según ellos, por los oligarcas de un capitalismo patrocinado por el imperialismo yanqui, también los puso contra los cañones de sus fusiles soviéticos despojándolos no sólo de sus pocas posesiones sino hasta de sus hijos a quienes reclutan para sus filas aún hoy en contra de su voluntad.


Uno de los primeros en ser secuestrado por el ELN fue don Eugenio Mesa Carvajal, hijo de Graciela Carvajal, la primera hija de don Abel Carvajal Múnera. Él, un próspero ganadero y comerciante afincado en Puerto Berrío (Antioquia), fue violentamente retenido por numerosos guerrilleros; internándolo y encadenándolo luego en algún lugar de la espesa selva del Magdalena Medio.


Durante semanas su familia nada supo sobre la suerte de don Eugenio, como tampoco las autoridades.


Él mientras tanto ante sus captores eligió como negociador de su liberación a su tío Alfonso Carvajal Botero, quien vivía en Barrancabermeja. A quien enteraron de su nombramiento a través de una carta que le hicieron llegar ocultamente a su familia.


Después de arduas y sutiles negociaciones en diferente sitios secretos a lo largo del extenso Magdalena Medio, previamente elegidos por los secuestradores o sus emisarios, logró acordar un “moderado precio” por la liberación de su sobrino.


Se fijó una fecha para la entrega de la enorme cantidad de dinero en efectivo, que debía llevar en cajas de cartón a bordo de una chalupa por el río Magdalena, acompañado únicamente por su esposa y el lanchero, como garantía (exigida por los muy cobardes) de que él no les tendería una trampa en conjunto con el ejército. En la proa del bote, con un potente motor fuera de borda y varios bidones con combustible de reserva, debían colgar una lanilla o trapo rojo como marca o señal para los espías de la guerrilla apostados a lo largo del río.


Luego de un largo navegar río arriba desde el puerto de Barrancabermeja hacia Puerto Berrío, siguiendo las indicaciones dadas por el último emisario enviado por los guerrilleros, un par de hombres les agitaron otro paño rojo en una de las orillas. Se acercaron con cautela, pero los mismos sujetos no los dejaron arrimar sino que les gritaron indicándoles que debían doblar por un caño cercano y desembarcar las cajas con el dinero en donde había un grupo de hombres con otra tela rojo…


CONTINÚA...






Alfonso Carvajal Botero, años 60s.



6


EL FANTASMA, EL PERRO Y EL CAPO


Río Magdalena abajo después de Barrancabermeja se encuentra el viejo municipio de Puerto Wilches en el Departamento de Santander, un pictórico pueblo rodeado de fértiles tierras dedicadas a la ganadería y a la agricultura, en especial al cultivo de la oleaginosa palma africana y también muy rico en petróleo. En su apogeo, a mediados del siglo XX, fue además estación importante de los Ferrocarriles Nacionales. Sobra decir, que fluía el dinero, lo que atrajo a comerciantes, cantineros y putas, que abrieron sus establecimientos con poca planificación; por lo que no era raro encontrar el la calle principal, perpendicular al puerto, un burdel al lado de las oficinas de la Caja Agraria (banco) o una cantina al lado de la casa parroquial del cura, o más allá, los talleres del ferrocarril frente al mejor hotel.


Alfonso Carvajal Botero siempre encontró buen ganado gordo para comprar en las haciendas y fincas aledañas a Puerto Wilches; además contaba con una de las mejores ferias de exposición equina y vacuna de la región del Magdalena Medio, razones por las que visitaba el pueblo con asiduidad. Con el transcurrir del tiempo, allá también se hizo conocer como un honorable hombre de negocios, entablando valiosas amistades.


Como experimentado comprador de ganado, ya hacia finales de los años setentas, acostumbraba partir de madrugada desde Barrancabermeja en su carro todoterreno 4x4 Nissan o Toyota, sus marcas favoritas, para llegar temprano a la finca de destino donde la mayoría de las veces finiquitaba la compra de algún lote de novillos que el propietario o administrador le había ofrecido. Recomendaba madrugar antes de que el ganado saliera a pastar y aumentara su peso, pues en aquellos días ya muchas haciendas contaban con básculas para ganado en pie, debiéndose negociar cada res por el peso y no a ojo, como se transaba antes. Es que un bovino puede consumir varios kilos de pasto en pocas horas, principalmente en las horas de la mañana, lo que aumentará su peso y por ende su precio por kilogramo a favor del vendedor, que multiplicado por el número de animales del lote negociado puede llegar a alcanzar un apreciable sobrecosto.


Una oscura madrugada, a mitad de camino en la polvorienta y solitaria carretera, en una curva alcanzó a distinguir por el parabrisas a lo lejos la figura de un hombre con sombrero que le hacía señas con la mano, pero en un abrir y cerrar de ojos el hombre desapareció de su vista. Llegando hasta el sitio donde lo había visto disminuyó la velocidad, esperando verlo de nuevo, suponía que era un campesino pidiendo un aventón, como lo acostumbraban muchos. Pero no vio a nadie, así como ninguna casa había a los dos lados de la vía.


Aceleró de nuevo creyendo que las sombras de los árboles lo habían engañado. De repente, descubrió al hombre con sombrero montado encima de la tapa del motor del campero, ¡frente a él, agitando las manos como loco!


Continúa...


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jueves, 9 de febrero de 2012

El tiempo de los robles (quinta entrega)

El tiempo de los robles




Historias basadas en personajes y acontecimientos reales.



Por: Abel Carvajal




Don Abel Carvajal Múnera, pocos meses antes de morir, con su hija mayor Lucila. En la calle frente a su casa de Carolina del Príncipe, Antioquia, Colombia, alrededor del año 1950.




3



LA SUERTE DEL TAHÚR



Había muerto el patriarca don Abel Carvajal Múnera en 1950, en el pueblo de Carolina del Príncipe, quedando el joven Alfonso como hijo varón al frente de los negocios, el segundo de los hombres mayores, pues el primogénito José había ya emigrado a Barrancabermeja.


Un buen día, impulsado tal vez por el deseo de la aventura propio de la edad, decidió Alfonso Carvajal salir de viaje a conocer mundo o cambiar la rutina del trabajo en las fincas. Se embarcó, sin dar muchas explicaciones, en el bus escalera de la flota intermunicipal hacia Medellín no obstante la sorpresa de sus hermanas Lucila, Amparo y Aluvia y de sus hermanos menores.




Día de fiesta en una de las fincas de don Abel Carvajal Múnera. Década de los 40s.




No se sabe cuánto tardó ni cómo llegó ni que hizo en el camino, el hecho es que terminó varias semanas después su periplo en la costera ciudad de Barranquilla. Desde donde le envió un escueto telegrama a Lucila, su hermana mayor, en el que se leía:


URGEME CINCUENTA MIL PESOS NEGOCIOS MANDELOS CON PETRONIO GRAN HOTEL


No sobra advertir, en especial a los más jóvenes lectores, que el telegrama o Marconi como también se le denominaba en Colombia en honor a su inventor, era un mensaje escrito que se transmitía vía cable telegráfico codificado en la famosa clave Morse, por lo que se perdían las tildes y los signos de puntuación, todo el texto era en letras mayúsculas; además se cobraba al remitente en función del número de palabras, por lo que la gramática y la sintaxis se resumía o recortaba al máximo con el fin de abaratar el costo de envío. Condiciones que a veces desembocaban en mensajes graciosos unas veces, ridículos en otras y por supuesto no faltaban los que ni un adivino lograba comprender. Lo que sí era seguro es que las largas explicaciones sólo se las permitían quienes contaban con buen efectivo para pagar su oneroso costo, por lo que Lucila dedujo que su hermano estaba quedándose sin dinero o como se dice coloquialmente estaba “pelado”, lo que más la angustió...


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4



CUATRO QUITES A LA MUERTE




Alfonso Carvajal Botero bajando de un avión de AVIANCA en el aeropuerto de Barrancabermeja. Al inicio de los años 60s.


Los colombianos revivieron de nuevo la violencia en la década de los cincuentas por cuenta de la irracional rivalidad política entre el Partido Conservador y el Partido Liberal, en una atroz lucha por monopolizar el poder en el Gobierno. Violencia que tiñó de sangre los campos más que las ciudades y que finalmente sólo aportó al país odios, venganzas, viudas, huérfanos, desplazados, mutilados, minusválidos, locos, fanáticos y mucha pobreza. Todo por defender el color azul o rojo de la bandera del partido al que se afiliaba o simplemente le simpatizaba o porque su padre y su abuelo pertenecían a uno u otro, pues muy pocos tenían claras las diferencias ideológicas entre los partidos. La mayoría de los actores y víctimas del conflicto nunca supieron con precisión porqué lucharon y murieron.


No obstante, el humor de los colombianos sale a flote hasta en los tiempos más nefastos como aquellos. Alfonso Carvajal narraba a sus amigos con jocosidad como un paisano suyo se salvó de ser asesinado por un grupo paramilitar (¿o parapolítico?) por su agudeza creativa o la llamada malicia indígena:


“Una noche por un oscuro camino rural del Magdalena Medio santandereano le salió al paso un pequeño grupo de hombres armados y apuntándole lo interrogaron: -¿A qué partido pertenece?


El paisano rápidamente respondió: -¡Pues al de la “L”!


-¿Ah, un liberal hijuep…? –Espetó el líder del grupo armado, al tiempo que desaseguraba su pistola mostrando una criminal intención.


-¡Liberal no, hombre, por Dios! ¡Soy laureanista, de la “L”, de Laureano! –Gritó el asustado paisano. Laureano Gómez era el nombre del reconocido jefe nacional del Partido Conservador.


Obviamente si los matones hubieran sido liberales también habría salido con vida del incidente gracias a la misma letra inicial del partido. Había jugado con una respuesta muy astuta el antioqueño.”


Vale la pena anotar que a Alfonso Carvajal Botero su filiación al Partido Liberal, si no de ideología sí de nombre muy acorde con su pensamiento y forma de vivir, casi le cuesta la vida. Pues los más fanáticos sectarios del opositor Partido Conservador, el que entre otras cosas gozaba desatinadamente con la bendición de algunos miembros del clero, se convirtieron en sus perseguidores, unos muy peligrosos. Hasta el punto de que en una ocasión debió esconderse en el fondo del pozo de agua de una casa vecina por dos días, para evitar que lo atraparan y lo mataran.


En otra ocasión, lo agarraron los chulavitas, seudopolicías esbirros de los conservadores, que a culatazo limpio casi le destrozan el cráneo, dejándole una memorable cicatriz tras la oreja derecha que lució por el resto de su vida, así como una sordera parcial por ese oído. ¡Por nada más que apoyar en épocas electorales a los candidatos partido rojo!


Pero la buena suerte o un buen ángel de la guarda lo acompañaban. Le hizo el quite a la muerte varias veces, como en las siguientes historias:...


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(*) El blanqueado es un típico dulce casero del occidente colombiano, hecho con panela.


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viernes, 6 de enero de 2012

El tiempo de los robles (cuarta entrega)


El tiempo de los robles


Historias basadas en personajes y acontecimientos reales.



Por: Abel Carvajal



Francisco Abel Carvajal Botero, subcampeon nacional de Venezuela peso pesado en levantamiento de pesas. Caracas, entre los años 60s y 70s.



SEGUNDA PARTE

 

HISTORIAS SECRETAS DE ROBLES



A la memoria de mi padre Alfonso Carvajal Botero.

Quien supo gozar de la vida siempre y engañar a la muerte varias veces.



Capítulos 1 y 2 de la Segunda Parte: HISTORIAS SECRETAS DE ROBLES



1



EL MATUTE




Petronio Carvajal Botero y su esposa, Barrancabermeja, años 60s.



Introducción fraudulenta de géneros de consumo en una población, es la primera corta definición que se encuentra en un viejo diccionario ilustrado de la lengua española para la palabra matute. Pero para Petronio Carvajal Botero, el hijo menor de don Abel Carvajal Múnera, como para muchos ambiciosos colombianos era la definición más elegante de un lucrativo negocio, con cierto riesgo pero asumible, en aquella transición de los años sesentas a los setentas: Contrabando de whiskys, otros licores, electrodomésticos, cigarros, cigarrillos y otras mercancías muy apreciadas de procedencia norteamericana en su mayoría.


Productos tasados con altos impuestos cuando se les importaba legalmente, algunos en casi condición de monopolio, que se vendían muy caros y en consecuencia ofrecían un alto margen para contrabandearlos. Cosa que no era difícil de lograr a través de la inmensa franja del litoral Caribe que tiene Colombia, mal vigilada en aquellos años, principalmente por la desértica península de la Guajira. Ventaja, vale la pena anotar, que muy pronto fomentaría un negocio ilícito aún más lucrativo: el tráfico de la marihuana, tan demandada en su momento en los Estados Unidos de América… Iniciándose así quizá la maldición que más sangre y lágrimas le ha costado a Colombia, que todavía sufre: el narcotráfico.


A Petronio Carvajal ni a ninguno de sus hermanos les interesó jamás el tráfico de marihuana como tampoco, años después, el de la coca o de la cocaína, pese a que las tentaciones abundaron. Entre la ambición y la codicia hay una singladura que separa moralmente el bien del mal.


Él fue quien tuvo la mayor oportunidad y predisposición a estudiar entre los Carvajal Botero, su hermana Lucila se aseguró de que así fuera. Lo envió a Medellín a estudiar el bachillerato y luego a la academia militar en Bogotá, donde se graduó de subteniente del ejército. Pero poco tiempo vistió el dril militar, pues en medio de una fatal combinación de alcohol y orgullo juvenil, un día de farra, le propinó tremendo puñetazo a un oficial de mayor jerarquía que supuestamente lo ofendió…


De nuevo en la vida civil, muy joven, Petronio decidió buscarse un porvenir junto a sus hermanos y hermanas en Barrancabermeja. Al lado de Alfonso se dedicó también a la compra-venta de ganado vacuno y porcino, mostrando gran capacidad en el negocio. Pues esta particular profesión mercantil exigía una habilidad especial en la época, en que no existían muchas básculas para pesar el ganado, la de calcular a ojo el peso de la res o del cerdo en la finca del ganadero o del criador y en función de ese cálculo comprar el ganado en pie para luego venderlo en el matadero pesado en canal, es decir una vez el animal es sacrificado, sangrado, abierto, sin las tripas y demás despojos. En otras palabras, al ganadero se le debía comprar el animal vivo y al carnicero se le debía vender lo que pesaba únicamente la carne y los huesos. De modo que si se sobrevaloraba el futuro peso en canal esto se traduciría en pérdida para el comerciante o mayorista de ganado al venderlo al carnicero, pero si se acertaba o se compraba subvalorado el peso habría una ganancia. Todo multiplicado por la cantidad de cabezas compradas.


Su habilidad como calculista preciso del peso de los semovientes fue puesta a prueba una tarde en que desembarcaron en el antiguo matadero de Barrancabermeja, junto al Caño Cardales (del Río Magdalena), un enorme cerdo traído desde una finca de Casabe, al otro lado del río. El impresionante marrano cojudo, por lo gigantesco, pronto incitó ese día una apuesta entre los carniceros, comerciantes y matarifes, sobre cuánto pesaba. Un reconocido carnicero organizó el envite, extrajo su ajetreada libreta y anotando en cada renglón el nombre de cada apostador y el peso en arrobas que le calculaba al frente, pronto reunió una atractiva bolsa. Era simple, quien quería apostar le entregaba el estipendio fijado, dictaba su nombre y peso que le calculaba al verraco, esa noche luego de sacrificarlo, lo pesarían antes de sangrarlo y abrirlo, así se sabría el ganador: quien más se hubiera aproximado al peso arrojado por el animal completo, no en canal esta vez...




Ana Cecilia Ochoa, esposa de Petronio Carvajal, en una finca en Antioquia, años 60s.


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(*)Chirrinche, cherrinche o chirrinchero: Términos despectivos para referirse al agente de aduana o alcabalero, utilizados en algunas regiones de Colombia, ya hoy en desuso.



2



UN ROBLE INCORRUPTIBLE



Izquiera a derecha: Petronio, Ana Ceciia, desconocido y Alfoso Carvajal (de pie). Feria de ganados de Barrancabermeja, inicios de los años 70s.


El hijo menor de don Abel Carvajal Múnera fue Petronio y el hijo mayor fue José, el que muchas historias debió protagonizar pues era hombre rebelde, bohemio y con gran fama de mujeriego; reputación que se patentiza por la cantidad de hijos que procreó desde muy joven. Se le conocieron no menos de nueve hijos, con dos compañeras con las que convivió en Barrancabermeja a donde llegó siendo un adolescente, en busca de fortuna, cuando todavía vivían su padre y sus hermanos en Carolina del Príncipe, a finales de la década del cuarenta.


De José Eusebio Carvajal Botero se puede decir que era un hombre íntegro, tal vez su mayor virtud en todo el sentido de la palabra. Pero a veces la rectitud riñe con la riqueza, como dos amigas que no se hablan, volviéndose una esquiva en aparecer cuando la otra está presente.


José logró conseguir un buen empleo en la Tropical Oil Company, gracias a sus paisanos antioqueños, los que se ayudaban unos a otros en el puerto petrolero, cosa que para nadie era un secreto. De todas formas el personal que provenía del vecino Departamento de Antioquia gozaba de una merecida fama de incansables y dedicados trabajadores, incluso entre los ejecutivos gringos; por lo que en Barrancabermeja se manifestaba una considerable colonia de antioqueños, muchos de ellos llegando a escalar los más altos puestos en la posteriormente nacionalizada empresa petrolera, que recibió el nombre de Ecopetrol (Empresa Colombiana de Petróleos S.A.) y la que aún hoy es de lejos la empresa más grande e importante de Colombia. José Carvajal fue uno de ellos. Antes de terminar la década de los cincuentas, ostentaba el importante cargo de jefe de compras de ganado en la empresa.


¿Para qué una compañía petrolera compra ganado?...


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Francisco Abel Carvajal Botero, cuando practicó fútbol en Venezuela, años 60s.


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(Espere en la próxima entrega otros dos de los más increíbles capítulos de esta Segunda Parte: HISTORIA SECRETAS DE ROBLES)


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sábado, 10 de diciembre de 2011

El tiempo de los robles (tercera entrega)

En primicia editorial y en simultánea con el blog http://territorio64.blogspot.com/ , presentamos a continuación la tercera entrega del nuevo libro de Abel Carvajal:

El tiempo de los robles


Historias basadas en personajes y acontecimientos reales.


Alfonso Carvajal Botero, Barrancabermeja, a principios de los años 70´s.


Capítulos 7 y 8 de la segunda parte: HISTORIAS DE ROBLES


Por: Abel Carvajal






7

EL ENCENDEDOR


En los azarosos 50´s ya habían arribado José y Francisco Carvajal Botero a la progresista ciudad de Barrancabermeja, en el Departamento de Santander. No tardó en llegar asimismo su hermano Alfonso, quien se apareció nada más que con unos aperos y una silla de montar en la mano, pues la yegua con la que había partido desde Carolina la había perdido a mitad del camino en una mala apuesta de una riña de gallos en Puerto Berrío (Antioquia).
Pronto entró a trabajar como medidor de los tanques de almacenamiento de crudo y productos refinados en la Tropical Oil Company, mejor conocida como la Troco.  Empleo que no supo conservar por causa de su rebelde espíritu: Una tarde él, camuflado entre los tanques a los que periódicamente debía medirles el nivel del líquido, disfrutaba de una breve siesta en horas de trabajo, pese a considerarse juicioso en su tarea.  Sin advertirlo se le apareció el jefe, un  fornido gringo muy impetuoso que para despertarlo y ponerlo en evidencia se le ocurrió, a mala hora, agarrarlo por el cabello y derribarlo, reclamándole a gritos su irresponsabilidad. Alfonso Carvajal, hombre de pacíficos modales excepto cuando se sentía violentado, extrajo de su bolsillo una afilada navaja barbera, implemento infaltable de los antioqueños y con la agilidad de un gato rayó con la cuchilla de lado a lado la pronunciada barriga del supervisor norteamericano.
Afortunadamente para ambos no fue una herida muy profunda, pero hubo la suficiente sangre para que el abusador gringo, huyera despavorido y jamás volviera a comportarse como el típico colono imperial con el esclavo; según se decía entre los obreros de la refinería luego del difundido acontecimiento.
Para Carvajal el precio de su osadía contra el Mister fue el despido tajante. Lo que a la larga se convirtió en un favor para él, pues en su tiempo libre se dedicaba a la compra-venta de cerdos y reses con destino al matadero, negocio que le resultaba muy lucrativo. Los cambios aunque parezcan adversidades en un principio al final terminan siendo favores de la Vida.  Se dedicó entonces de tiempo completo, como negociante independiente, al comercio de animales y carne.
Pronto compró una finca en sociedad con un paisano suyo, de apellido Sevillano, que les sirvió de base para el lucrativo comercio. La que vendieron a los pocos años ante una irrechazable oferta. La mitad del cuantioso dinero que le correspondió por la venta, le escuché decir muchos años después con una mezcla de orgullo y desprecio por el dinero, se la gastó en una semana en tragos y putas… “A este mundo venimos en pelota y nos vamos igual”, era una de sus frases favoritas.
Sevillano trabajó hasta su jubilación en la industria petrolera, mientras su ex socio Carvajal asumió como profesión para el resto de su vida la comercialización de ganado y carne. Más tarde reuniría de nuevo capital suficiente para comprarse él sólo otra finca, una muy buena, a orillas del río Magdalena con un exclusivo desembarcadero de ganado, muy adecuada para su negocio y para mantener sus caballos de paso fino, su más grande afición. Si bien continuó siendo un asiduo concurrente de burdeles, nunca volvió a gastar tan desaforada suma en ellos.
Sus negocios con el ganado fueron creciendo a través del tiempo, llegando a convertirse en el mayor proveedor de carne en canal de las plazas de mercado Central y Torcoroma de Barrancabermeja. Por su finca La Esperancita, gracias al exclusivo embarcadero río-tierra, pasó buena parte del ganado que Colombia exportó desde la costa Caribe a Venezuela en los 70´s durante el gobierno del sagaz presidente Alfonso López Michelsen, su más admirado tocayo y Liberal como él. Del que citaba una frase que le escuchó en una cena en la ciudad de Cúcuta con los ganaderos y representantes del gobierno venezolanos: “Los negocios se hacen es con los ricos no con los pobres…”
Fue con un rico ganadero de San Pablo, al sur del Departamento de Bolívar, al que le compraba ganado con frecuencia, que vivió una inolvidable anécdota a finales de aquellos fructíferos años 70:
El ganadero, un costeño campechano  muy adinerado pero poco conocedor de las modernidades del mundo tal vez debido a una vida demasiada dedicada al trabajo, poco estudio y excesivo aislamiento en el campo, se vio obligado a embarcarse un día río arriba desde San Pablo hasta Barranca, donde vivía Alfonso Carvajal, para que le pagara un ganado que le había vendido días atrás, tal y como lo acordaron...

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8

UNA LENGUA LEGENDARIA


Para Alfonso Carvajal Botero, la afición por los caballos de paso terminó obligadamente con el ingreso del dinero de los narcotraficantes a este negocio, cuando comenzaban los convulsionados 80´s. Los precios de los más finos equinos alcanzaron cifras exorbitantes, alejando a buena parte de los antiguos criadores. Como alguna vez se lamentó: “Los mafiosos se tiraron este deporte”, (y corrompieron muchas cosas más del sencillo estilo de vida y moral de los colombianos).
   
Pero una desgracia mayor cayó sobre el país. A partir de los 60´s, inspirados en el triunfo de la revolución cubana, justificándose en las desigualdades sociales y aprovechando la compleja geografía, surgieron en Colombia los movimientos guerrilleros. Conformados mayoritariamente por campesinos, quienes adoctrinados por sus comandantes, varios con formación universitaria, adoptaron ideologías foráneas provenientes de Cuba, de la Unión Soviética y de la China maoísta. Los que para financiarse optaron por la extorsión y el secuestro, principalmente a ganaderos y empresarios del sector rural, en las zonas donde en un comienzo se movilizaban.
Pronto descubrieron la mina de oro en que estaban sentados con sus fusiles, extendiendo su negocio a todo el país. El secuestro se convirtió en una industria maldita, la que a su vez les significó su perdición, pues perdieron todo el apoyo popular para su causa y todavía más cuando desarrollaron su segunda línea de negocios: el narcotráfico. Se condenaron a sí mismos, odiados y temidos por su propio pueblo, al que pretendían defender.
Una de las primeras víctimas de este monstruoso crimen fue don Eugenio Mesa Carvajal, hijo de Graciela Carvajal, la primera hija de don Abel Carvajal Múnera. Él, un próspero ganadero y comerciante afincado en Puerto Berrío (Antioquia), fue violentamente secuestrado por el autodenominado ELN. Eligió como negociador a su tío Alfonso Carvajal Botero… Pero por ahora dejemos aquí, pues esa es otra historia, secreta todavía. Así como la del secuestro de su mejor amigo años después por las temibles FARC.
Pero Alfonso Carvajal tampoco se salvaría de ser víctima.
Antes de concluir esta tenebrosa década de los 80´s, un día en horas de la madrugada mientras conducía en aquel entonces su campero Toyota 4x4, por la carretera que conduce de Barrancabermeja al corregimiento de Yarima (Santander), viajando solo, con destino a una hacienda donde pensaba comprar un ganado, intempestivamente debió frenar por un tronco de árbol caído atravesado en el camino, tras el que descubrió a varios hombres vestidos de camuflaje, de mal aspecto calzando botas de caucho y armados con fusiles. Apareciendo luego más tropa a ambos lados de la carretera.
De inmediato supo quiénes eran y de qué se trataba el asunto. No había manera de retroceder el carro o escapar corriendo, las probabilidades de éxito eran contrarias a tal evento. Aunque algunas veces cargaba su viejo revólver Smith & Wesson calibre 32, no era tan estúpido como para enfrentarse a tiros contra una veintena de guerrilleros armados con poderosos fusiles soviéticos AK-47 y similares. Así que decidió recurrir a su mejor arma, una con la que la naturaleza le había dotado: su lengua.
Lo obligaron a apearse del automotor. Él pacífica y cordialmente accedió...

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Fin de la primera parte: HISTORIAS DE ROBLES*, (19 de mayo de 2009).
©2009, crónicas por Abel Carvajal bajo el título original de “Historias de robles”.  



"Llueve sobre Medellín". Foto por Abel Carvajal


 (*) Nota del autor

El apellido Carvajal es de origen leonés, del siglo X y significa "lugar o bosque de carvajos", procedente de la palabra "carvajo" que significa roble. También en portugués tiene significado similar. En América no está claro quiénes eran los primeros Carvajal que llegaron. Seguramente no procedían de un alto linaje sino más bien todo lo contrario, como la gran mayoría de conquistadores y colonizadores ibéricos de aquellos oscuros tiempos. Sin embargo, no puedo dejar de observar que buena parte de los hombres y mujeres que he conocido y de los que he escuchado, dentro y fuera de mi familia portadores del apellido Carvajal, le hacen honor al significado figurativo del roble: persona muy fuerte y resistente, en todos los aspectos.
Varios de estos robles, muy cercanos familiarmente a quien les escribe, fallecidos ya, protagonizaron las historias inspiradas en acontecimientos reales que me relataron o que conocí de la fuente primaria, los que escribo aquí tratando de estar muy apegado a esos hechos; aunque a decir verdad no faltaron los adornos y fantasías estilísticas propias de una amena narración. Sucesos que tal vez rayaron con lo ilegal o lo inmoral, pero no es asunto del escritor o del lector el juzgar. Conservé los nombres de pila originales de los protagonistas así como los de algunos personajes que aparecen, pero cambié los nombres de otros más para evitar agravios o susceptibilidades.
Estos Carvajal aparte de la sangre y el apellido, tenían en común el que eran antioqueños, es decir nacidos en la emérita Provincia, Estado y ahora Departamento de Antioquia en la  República de Colombia. Todas estas historias transcurrieron en el agitado siglo XX, en determinados pueblos y ciudades de los hermanos países  Colombia y Venezuela, pues otra característica propia de los antioqueños es el de emigrar con facilidad en busca de fortuna o de una mejor vida.
Desde hace varios años quienes escucharon o conocieron algunas de estas historias han pedido que se escriban. Dudé en redactarlas por mucho tiempo, debido a diferentes motivos o supuestas justificaciones, hasta que entendí que era parte de mi inexorable destino y aquí están.  Además todo aquel que ha sido conocedor o testigo de la Historia creo que tiene la obligación de registrarla, porque es cierto que el pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla.
Primero seleccioné las que consideré más atractivas y verosímiles para una masa de desconocidos lectores en la Internet, que en estilo de historias cortas o crónicas publiqué bajo el título “HISTORIAS DE ROBLES” (©2009, Abel Carvajal). Consignadas de nuevo en esta primera parte del libro pero ahora en versión revisada, corregida y adaptada. Me guardé, en ese momento, muchas historias más que calificaba de secretas o de no publicables…
Escribí estas narraciones no tanto para guardar la memoria de los personajes, del apellido o de una familia, lo que de por sí solamente sería válido, sino para que las próximas generaciones de habitantes de este mundo tengan una idea de cómo pensaban, actuaban y vivían muchos de los colombianos del siglo XX. Para que se conozca y se comprenda mejor la historia de este sorprendente país y a su asombrosa gente. Para que los colombianos (y todos los iberoamericanos) del  presente y del futuro encuentren el lugar que les corresponde al tener vigente nuestros orígenes, los que a veces parecen no importarnos. Para que respeten su pasado honrando a sus ancestros, sus tradiciones y sus costumbres. Para que se cuestionen las culturas importadas y prácticas foráneas, algunas más perniciosas de lo que creemos, aunque vengan en nombre de un  equivocado concepto de Globalización o peor, en nombre de un supuesto mundo dizque más avanzado.
A continuación escribo las demás historias que conservo en mi memoria, las no publicadas y las merecedoras de relatar. Con la entrada a escena de otros dos robles.  Algunas de las historias secretas, debo advertir, pueden parecer increíbles al lector o producto de la fantasía del escritor, pero ciertamente ocurrieron…  más o menos así:


(En la próxima entrega: Capítulos 1 y 2 de la segunda parte: HISTORIAS SECRETAS DE ROBLES... ¡Espérela en enero del 2012!)


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jueves, 24 de noviembre de 2011

El tiempo de los robles (segunda entrega)

En exclusiva editorial, como primicia para los amables lectores de este blog (en simultánea con el blog http://librosdeabelcarvajal.blogspot.com/ ), a continuación la segunda entrega del nuevo libro de Abel Carvajal:




El tiempo de los robles

Relatos inspirados en hechos y personajes reales


Alfonso Carvajal Botero con su hijo primogénito (el autor), Barrancabermeja, 1964.


Por: Abel Carvajal


Capítulos 4, 5 y 6 de la Primera Parte: Historias de robles


4

UNA NOVIA PARA TRES


Antes de empezar la década de los 50’s Colombia entró en uno de los períodos más violentos de su historia: Se desató una cruenta y larga pelea por el poder entre los dos partidos políticos tradicionales, el Liberal y el Conservador, que trajo como consecuencia múltiples crímenes y asesinatos como el del popular candidato liberal a la presidencia de la República el abogado Jorge Eliécer Gaitán. Se conformaron grupos paramilitares partidistas como “la Chulavita” (conservadores), y nacieron los grupos guerrilleros como las “Autodefensas Campesinas” (liberales). Esta época de terror se conoce simplemente como “la Violencia”, que duró hasta bien entrada la década de los 60’s.

Durante la Violencia, la orgía de sangre enloqueció a millares de colombianos, facilitándose una siniestra creatividad que cómodamente superaba a la de los más temibles criminales de la humanidad. No bastaba con matar al enemigo sino además torturarlo en el acto mismo y exhibirlo como trofeo.  Algunos seccionaban la garganta de su contrario y le extraían la lengua por el corte dejándola colgada sobre el pecho del cadáver, cruel método que se llegó a conocer internacionalmente como “la corbata colombiana”. Distinto procedimiento pero también practicado con reiteración, era cercenar el pene del rival e introducírselo en su agonizante boca. Otro, con una variante no menos psicopatológica, era que en vez del pene cortaban sus testículos…  Podría citar más horrendos casos, pero ya es suficiente ilustración.

Las endebles fuerzas militares y policiales de aquellos días, reflejo de también débiles y corruptos gobiernos de turno, poco podían hacer. Cuando no gobierna un soberano fuerte y enérgico, aparecen los feudos dominados por poderosos señores, malvados la mayoría; ésta siempre ha sido la repetida lección de toda la historia humana.

Fue en los inicios de esta escabrosa década en que falleció don Abel Carvajal Múnera. A los pocos años emigraron sus hijos mayores a Barrancabermeja, el pujante puerto petrolero sobre el río Magdalena en el Departamento de Santander, en busca de fortuna y una nueva vida. Uno de ellos, Francisco Abel Carvajal Botero, a quien llamaban Pacho, fue de los primeros en arribar a la naciente ciudad de las tres “P”, por lo de Petróleo, Plata (dinero) y Putas. En donde una gran colonia de antioqueños se había afincado, empleándose casi todos en los campos petroleros o en la refinería de la Tropical Oil Company o convirtiéndose en proveedores de mercancías o servicios para esta gran empresa o para sus trabajadores.

El joven Francisco Carvajal se había empleado como mecánico automotriz, una de sus dos pasiones,  pero la segunda lo metería en problemas. Tenía una insistida afición por las mujeres, en especial por las dedicadas al llamado oficio más antiguo del mundo, lo que por poco le cuesta la vida en aquellos peligrosos días:

En una de sus frecuentes visitas al prostíbulo de moda del caluroso puerto, no pudo evitar fijarse en la más agraciada de las damiselas, una voluptuosa antioqueña, paisana suya. Como era hombre  físicamente muy atractivo, no le fue difícil atraerla a su mesa. Rato después, de tomar un par de cervezas muy conversadas, se le hizo impostergable la rigurosa visita al orinal.

Justo al tiempo entra un cabo de la Infantería de Marina, que va y se sienta con la que consideraba su novia, la misma mujer que esperaba a Francisco. No llevaban demasiado  tiempo los dos acaramelados con sus jugueteos, risas y abrazos, cuando de repente irrumpe en el bar del burdel un sargento de la Chulavita, quien al descubrirlos enceguecido de celos se arrojó ferozmente contra el joven suboficial de la Armada, pues la no casta meretriz era supuestamente (por él) también su novia. Lucharon tal cual película del Oeste americano rodando por entre mesas, botellas, clientes y damas gritando, pero aquel marino era un moreno alto y bien fornido. El chulavita, un mestizo proveniente del altiplano cundiboyacense (centro de Colombia), siendo muy bravo pero bajo de estatura, pronto se sintió en desventaja y decidió inclinar suciamente la balanza a su favor desenfundando una bayoneta que llevaba al cinto. El marino sólo alcanzó a agarrar la mortal arma por la hoja doblemente filosa con su mano izquierda. El agresor haló ésta cortando la carne de la mano que trataba de quitarle el mortal cuchillo militar, la sangre afloró...

Esta historia continúa... en el libro EL TIEMPO DE LOS ROBLES, disponible en Amazon.


5

TRESCIENTOS


A partir de la segunda mitad del siglo XX, mientras Colombia todavía un país rural cuya economía afincada en el sector agropecuario se hundía en el período más violento de su historia, Venezuela entraba en una extraordinaria bonanza económica gracias a su muy abundante petróleo, llegando a convertirse en el país más rico y flamante de América Latina; lo que fácilmente se evidenciaba en las calles, autopistas y edificios de su moderna capital Caracas. La ilustre patria de Miranda, Bello, Bolívar y Sucre acogió a millones de inmigrantes provenientes de los más diversos países en busca de las oportunidades que ofrecía, en especial a los hijos de Colombia, su hermana siamesa no sólo por su historia y un origen común, sino además por la inmensa franja que las une desde el ombligo y que llega hasta el corazón de ambas: los majestuosos Llanos Colombo-venezolanos. Inmigrantes que contribuyeron de manera considerable a su desarrollo y prosperidad.

Es en los años 70’s, cuando Venezuela estaba en la cumbre de esta época dorada es que ocurre la aventura que relataré de Francisco Abel Carvajal Botero, quien aunque nunca se casó ni engendró hijos, llevaba viviendo desde hacía más de veinte años con una bella y leal señora como compañera, madre viuda de cinco juiciosas hijas, primero en Guatire y después en Caracas. Él se había desempeñado como mecánico de vehículos pesados y luego con sus ahorros compró un minibús o van de transporte público urbano en Caracas, que nadie más que él conducía. No sobra agregar que él fue un destacado deportista, practicó la halterofilia o el levantamiento de pesas llegando a ser subcampeón nacional de Venezuela en la categoría de peso pesado, con lo que ganó un portentoso físico que lo hacía muy atractivo para las damas.

Un día en la madrugada, cuando conducía su minibus como de costumbre hacia la terminal para iniciar la ruta asignada, sobre la acera de una calle cualquiera vio que una hermosa joven le hacía señas para que se detuviera. La escasa y seductora vestimenta de ella ayudó en tal propósito, los hombres a veces pensamos más con las hormonas que con las neuronas.

Ella abrió la puerta delantera sentándose en la primera silla situada justo a su lado. Francisco le explicó que todavía no estaba en ruta, a lo que ella replicó coquetamente que iba justamente cerca de la terminal y que le sería de “buena” compañía. No necesitó de más argumentos para que él aceptara darle el aventón.

Se dio la conversación rompehielos de rigor, no muy extensa. Pronto la inquieta mano diestra del sonriente conductor “confundió” la palanca de cambios con la pierna de su acompañante, quien no mostró signos de rechazo… La mano siguió subiendo por la pierna, ella se le acercó más y le rodeó el cuello con su brazo. Los dedos de él se encaminaron ahora hacia la entrepierna de ella bajo sus cortos shorts, avanzaron por el bosque hasta que en vez de encontrar la entrada a una deseada cueva tropezaron con un inesperado tronco…  ¡Francisco, sacó su mano de un tirón como si hubiera tocado la cabeza de una serpiente cascabel! La pasajera resultó que era un pasajero, un hombre en vez de una mujer.

Sintiéndose burlado y con el ego masculino herido, agarró un recortado cable eléctrico de una pulgada de diámetro que guardaba bajo su silla como arma de dotación choferil y empezó a azotarlo mientras lo insultaba. El aterrorizado travesti saltó al pavimento y corrió como alma que lleva el diablo.

Cuando el sorprendido Pacho se inclinó a cerrar la puerta que dejó abierta su afanado pasajero descubrió bajo la silla un fajo enrollado de billetes...

Esta historia continúa... en el libro EL TIEMPO DE LOS ROBLES, disponible en Amazon.


6

EL NOVIO FUGITIVO



Apenas murió don Abel Carvajal Múnera en el año de 1950, ya viudo desde hacía quince años, debió Lucila, su joven hija mayor asumir la difícil responsabilidad  de sustituirlo como cabeza de familia ante sus demás hermanos y trabajadores de las fincas.

Tratando ella de asegurar la manutención y una buena educación para los menores, debió empezar a liquidar el ganado y vender las fincas que su padre les había dejado. Pero ante una sociedad tan machista y un inabordable mundo de los negocios para una inocente mujer de aquella época, encargó para tal fin a su hermano Alfonso, el segundo varón de la familia y único disponible con edad suficiente; pues José, el mayor de todos, se había marchado tempranamente para Barrancabermeja en busca de fortuna y aventuras, luego de haberse gastado la mayor parte de la herencia que le correspondía en las cantinas y entre las bragaduras de varias señoras alegres de Carolina del Príncipe y de los pueblos circundantes.

El joven Luís Alfonso Carvajal Botero, quien siempre prefirió que lo llamaran por su segundo nombre, ensilló su bestia favorita y con la ayuda de un par de arrieros se dirigió con un gran hato de ganado hacia la feria del municipio de Yarumal. La pequeña ciudad de donde era oriunda su difunta madre doña Magdalena Botero. Pero allí, como en toda feria ganadera que se respetara además de reses abundaban negociantes, comisionistas,  vaqueros y mujeres detrás del cuantioso dinero que circulaba, por supuesto.

Pasaron ocho días, tiempo más que suficiente para que su hermano Alfonso hubiese regresado con el producto de la venta de aquellos semovientes, pero no aparecía por ningún lado ni noticia alguna se sabía de él, aunque los arrieros habían regresado al día siguiente de partir asegurándole a Lucila que habían encerrado sin problemas las reses en uno de los corrales de la feria, lo que no dejó de preocuparla. Envió entonces a Francisco, su otro hermano aún adolescente, a buscar a Alfonso.

Transcurrieron otros siete días y ahora no aparecían ni Alfonso ni Francisco, pero escuchaba de boca de otros hombres que regresaban de la feria a Carolina, que a sus jóvenes hermanos los habían visto muy saludables y bien “acompañados”. Tal vez esta última palabra, o más bien el tono socarrón con que la pronunciaban, fue lo que más preocupó a la angustiada hermana mayor, quien sin pensarlo mucho montó su caballo (tenía fama de ser la mejor amazona de la región) y dejando encargada a sus otras dos hermanas de la casa y de los dos niños, salió al galope a descubrir qué pasaba con sus hermanos y el ganado o el dinero.

No necesitó ella de muchas pesquisas pues pronto encontró a Alfonso en la plaza principal de Yarumal entre los cariñosos brazos de una hermosa joven nativa. 

El susto que él se llevó al ver a su furiosa hermana fue tal, que se cayó de la banca donde estaba apoltronado con su amada como par de tortolitos...

Esta historia continúa... en el libro EL TIEMPO DE LOS ROBLES, disponible en Amazon.



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PRÓXIMA ENTREGA: Capítulos 7 y 8. (Fin de la Primera Parte: Historias de robles)

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Abel Carvajal deja de escribir

 "La aventura de escribir ha terminado para mí en esta vida. Debo seguir por el sendero ancho que la Vida me muestra y prestar atención...