Libros de Abel Carvajal

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sábado, 10 de diciembre de 2011

El tiempo de los robles (tercera entrega)

En primicia editorial y en simultánea con el blog http://territorio64.blogspot.com/ , presentamos a continuación la tercera entrega del nuevo libro de Abel Carvajal:

El tiempo de los robles


Historias basadas en personajes y acontecimientos reales.


Alfonso Carvajal Botero, Barrancabermeja, a principios de los años 70´s.


Capítulos 7 y 8 de la segunda parte: HISTORIAS DE ROBLES


Por: Abel Carvajal






7

EL ENCENDEDOR


En los azarosos 50´s ya habían arribado José y Francisco Carvajal Botero a la progresista ciudad de Barrancabermeja, en el Departamento de Santander. No tardó en llegar asimismo su hermano Alfonso, quien se apareció nada más que con unos aperos y una silla de montar en la mano, pues la yegua con la que había partido desde Carolina la había perdido a mitad del camino en una mala apuesta de una riña de gallos en Puerto Berrío (Antioquia).
Pronto entró a trabajar como medidor de los tanques de almacenamiento de crudo y productos refinados en la Tropical Oil Company, mejor conocida como la Troco.  Empleo que no supo conservar por causa de su rebelde espíritu: Una tarde él, camuflado entre los tanques a los que periódicamente debía medirles el nivel del líquido, disfrutaba de una breve siesta en horas de trabajo, pese a considerarse juicioso en su tarea.  Sin advertirlo se le apareció el jefe, un  fornido gringo muy impetuoso que para despertarlo y ponerlo en evidencia se le ocurrió, a mala hora, agarrarlo por el cabello y derribarlo, reclamándole a gritos su irresponsabilidad. Alfonso Carvajal, hombre de pacíficos modales excepto cuando se sentía violentado, extrajo de su bolsillo una afilada navaja barbera, implemento infaltable de los antioqueños y con la agilidad de un gato rayó con la cuchilla de lado a lado la pronunciada barriga del supervisor norteamericano.
Afortunadamente para ambos no fue una herida muy profunda, pero hubo la suficiente sangre para que el abusador gringo, huyera despavorido y jamás volviera a comportarse como el típico colono imperial con el esclavo; según se decía entre los obreros de la refinería luego del difundido acontecimiento.
Para Carvajal el precio de su osadía contra el Mister fue el despido tajante. Lo que a la larga se convirtió en un favor para él, pues en su tiempo libre se dedicaba a la compra-venta de cerdos y reses con destino al matadero, negocio que le resultaba muy lucrativo. Los cambios aunque parezcan adversidades en un principio al final terminan siendo favores de la Vida.  Se dedicó entonces de tiempo completo, como negociante independiente, al comercio de animales y carne.
Pronto compró una finca en sociedad con un paisano suyo, de apellido Sevillano, que les sirvió de base para el lucrativo comercio. La que vendieron a los pocos años ante una irrechazable oferta. La mitad del cuantioso dinero que le correspondió por la venta, le escuché decir muchos años después con una mezcla de orgullo y desprecio por el dinero, se la gastó en una semana en tragos y putas… “A este mundo venimos en pelota y nos vamos igual”, era una de sus frases favoritas.
Sevillano trabajó hasta su jubilación en la industria petrolera, mientras su ex socio Carvajal asumió como profesión para el resto de su vida la comercialización de ganado y carne. Más tarde reuniría de nuevo capital suficiente para comprarse él sólo otra finca, una muy buena, a orillas del río Magdalena con un exclusivo desembarcadero de ganado, muy adecuada para su negocio y para mantener sus caballos de paso fino, su más grande afición. Si bien continuó siendo un asiduo concurrente de burdeles, nunca volvió a gastar tan desaforada suma en ellos.
Sus negocios con el ganado fueron creciendo a través del tiempo, llegando a convertirse en el mayor proveedor de carne en canal de las plazas de mercado Central y Torcoroma de Barrancabermeja. Por su finca La Esperancita, gracias al exclusivo embarcadero río-tierra, pasó buena parte del ganado que Colombia exportó desde la costa Caribe a Venezuela en los 70´s durante el gobierno del sagaz presidente Alfonso López Michelsen, su más admirado tocayo y Liberal como él. Del que citaba una frase que le escuchó en una cena en la ciudad de Cúcuta con los ganaderos y representantes del gobierno venezolanos: “Los negocios se hacen es con los ricos no con los pobres…”
Fue con un rico ganadero de San Pablo, al sur del Departamento de Bolívar, al que le compraba ganado con frecuencia, que vivió una inolvidable anécdota a finales de aquellos fructíferos años 70´s:
El ganadero, un costeño campechano  muy adinerado pero poco conocedor de las modernidades del mundo tal vez debido a una vida demasiada dedicada al trabajo, poco estudio y excesivo aislamiento en el campo, se vio obligado a embarcarse un día río arriba desde San Pablo hasta Barranca, donde vivía Alfonso Carvajal, para que le pagara un ganado que le había vendido días atrás, tal y como lo acordaron.
En aquellos días las fáciles transacciones bancarias como las conocemos hoy no existían allá. Hasta recuerdo las veces que en sus viajes de negocios por el río, y siendo quien esto escribe un niño todavía, le cargaba a él, mi padre, una sucia mochila de fique con el hierro y la tinta para marcar el ganado, en la que ocultaba en su fondo fardos de billetes para pagarles en efectivo a los ganaderos y finqueros. Él, muy astutamente creía que a ningún bandido se le ocurriría pensar que a un niño se le confiaría tanto dinero contante y sonante;  tuvo razón, jamás sufrimos de ningún atraco o robo, pese a que nos paraban de vez en cuando en algunos retenes el ejército o la policía y hasta la guerrilla. ¡Una cochina mochila con hierro y tinta de marcar que manchaba la ropa de lo lindo, quién la quería tocar!
Pues bien, el finquero fue recibido por mi padre en el puerto y en su campero Nissan 4x4, que tenía en aquellos días (en el que aprendimos mis hermanos y yo a conducir), lo llevó hasta nuestra casa donde le pagó en efectivo la compra del ganado, pues el rico campesino ni cuenta bancaria tenía. Luego, para agasajarlo lo invitó  a almorzar y a conocer La Esperancita,  la finca donde pastaba el ganado comprado mientras lo enviaba al matadero, así como sus caballos que tanto lo enorgullecían.
Durante la excursión el hombre no ocultó su admiración por el moderno Nissan, que ciertamente estaba casi nuevo, de los pocos que circulaban las calles Barranqueñas.
En algún momento de la travesía, mientras mi padre al volante del campero le conversaba, el campesino sacó un tabaco (cigarro rústico) de su mochila de fique. Buscó fallidamente la cajetilla de fósforos o cerillos en la misma, luego en los bolsillos de su camisa y después en los de su pantalón… no la encontraba. Mi padre advirtiendo su necesidad y con el ánimo de impresionarlo con la innovación tecnológica, le dijo que no precisaba de fósforos,  ya que el carro traía encendedor. Se lo mostró, lo obturó, un minuto después se disparó, lo desenchufó y se lo entregó, el finquero lo recibió con cierto resquemor pero encendió su tabaco, expulsó una bocanada de humo y… ¡arrojó el encendedor por la ventanilla!
Demoraron más de quince minutos hasta que hallaron al borde de la carretera el tal accesorio metálico de los vehículos modernos  para fumadores. ¡Qué no es desechable!
Para Alfonso Carvajal Botero, el lapso de tiempo que abarcó desde finales de los años 50´s hasta la mitad de los 80´s, fue su época dorada. Pero la rueda de la vida da muchas vueltas, se dice, aún más para quienes vivimos en un país como Colombia en la que parece girar más rápida, como veremos a continuación:


8

UNA LENGUA LEGENDARIA


Para Alfonso Carvajal Botero, la afición por los caballos de paso terminó obligadamente con el ingreso del dinero de los narcotraficantes a este negocio, cuando comenzaban los convulsionados 80´s. Los precios de los más finos equinos alcanzaron cifras exorbitantes, alejando a buena parte de los antiguos criadores. Como alguna vez se lamentó: “Los mafiosos se tiraron este deporte”, (y corrompieron muchas cosas más del sencillo estilo de vida y moral de los colombianos).
   
Pero una desgracia mayor cayó sobre el país. A partir de los 60´s, inspirados en el triunfo de la revolución cubana, justificándose en las desigualdades sociales y aprovechando la compleja geografía, surgieron en Colombia los movimientos guerrilleros. Conformados mayoritariamente por campesinos, quienes adoctrinados por sus comandantes, varios con formación universitaria, adoptaron ideologías foráneas provenientes de Cuba, de la Unión Soviética y de la China maoísta. Los que para financiarse optaron por la extorsión y el secuestro, principalmente a ganaderos y empresarios del sector rural, en las zonas donde en un comienzo se movilizaban.
Pronto descubrieron la mina de oro en que estaban sentados con sus fusiles, extendiendo su negocio a todo el país. El secuestro se convirtió en una industria maldita, la que a su vez les significó su perdición, pues perdieron todo el apoyo popular para su causa y todavía más cuando desarrollaron su segunda línea de negocios: el narcotráfico. Se condenaron a sí mismos, odiados y temidos por su propio pueblo, al que pretendían defender.
Una de las primeras víctimas de este monstruoso crimen fue don Eugenio Mesa Carvajal, hijo de Graciela Carvajal, la primera hija de don Abel Carvajal Múnera. Él, un próspero ganadero y comerciante afincado en Puerto Berrío (Antioquia), fue violentamente secuestrado por el autodenominado ELN. Eligió como negociador a su tío Alfonso Carvajal Botero… Pero por ahora dejemos aquí, pues esa es otra historia, secreta todavía. Así como la del secuestro de su mejor amigo años después por las temibles FARC.
Pero Alfonso Carvajal tampoco se salvaría de ser víctima.
Antes de concluir esta tenebrosa década de los 80´s, un día en horas de la madrugada mientras conducía en aquel entonces su campero Toyota 4x4, por la carretera que conduce de Barrancabermeja al corregimiento de Yarima (Santander), viajando solo, con destino a una hacienda donde pensaba comprar un ganado, intempestivamente debió frenar por un tronco de árbol caído atravesado en el camino, tras el que descubrió a varios hombres vestidos de camuflaje, de mal aspecto calzando botas de caucho y armados con fusiles. Apareciendo luego más tropa a ambos lados de la carretera.
De inmediato supo quiénes eran y de qué se trataba el asunto. No había manera de retroceder el carro o escapar corriendo, las probabilidades de éxito eran contrarias a tal evento. Aunque algunas veces cargaba su viejo revólver Smith & Wesson calibre 32, no era tan estúpido como para enfrentarse a tiros contra una veintena de guerrilleros armados con poderosos fusiles soviéticos AK-47 y similares. Así que decidió recurrir a su mejor arma, una con la que la naturaleza le había dotado: su lengua.
Lo obligaron a apearse del automotor. Él pacífica y cordialmente accedió.
El comandante guerrillero le preguntó si él era Alfonso Carvajal, a lo que respondió que ciertamente así se llamaba, pero no creía que él fuese el mismo al que ellos buscaban…
Levantando las cejas el dudoso comandante le exigió que se explicara.
Le replicó que él sí se llamaba Alfonso Carvajal, que era un empleado del Fondo Ganadero de Santander, que venía de Bucaramanga y que se encontraba de visita en la región para revisar unos ganados de la entidad, pero que él no era el viejo rico de Barranca que igualmente se llamaba Alfonso Carvajal para su infortunio, al que también conocía y que seguramente era al que buscaban…
Para fundamentar su historia les mostró un supuesto carnet que tenía su foto y su nombre que lo acreditaba como empleado de la entidad. La que realmente era una escarapela que había usado como invitado a la última asamblea de ganaderos del Fondo. 
Jugándosela a confundir a su interlocutor. Agregó, poniendo cara de cansancio, para acabar de convencerlo:
-¿No creerá usted que un rico ganadero como ese señor Carvajal andaría solitario por aquí a estas horas? Esta hijuep… madrugadera solo nos toca a nosotros los de la sufrida clase proletaria.
Ante la aparición de la duda y el desconcierto en los rostros de los bandidos, él, para ganarse su simpatía les propuso con una inocente sonrisa: -Muchachos, qué tal si mejor desayunamos, porque yo tengo hambre y ustedes me imagino que también, ¿cierto?
Abrió la puerta del campero y les mostró las cinco libras de solomo y el paquete de arepas que llevaba para obsequiar en la finca a la que se dirigía; tal y como acostumbraba, que le servía de doble propósito: de desayuno y como táctica negociadora para ablandar al vendedor, pues siempre se aparecía con esta clase de obsequios a los finqueros.
Por supuesto que el jefe de la cuadrilla no aceptó prender una fogata y azar carne, pero sí se la llevó como regalo junto con las arepas. ¡Lamentando mucho la equivocación, le ofreció disculpas a nombre de las FARC a este Alfonso Carvajal que no podía ser el viejo rico que buscaban! Le aconsejó además que en vez de continuar el camino e ir a revisar los ganados del Fondo se devolviera. Recomendación que acató sin discusión dando marcha atrás.
Su legendaria lengua o poder de persuasión lo había salvado.
No pasó mucho tiempo antes de que la misma guerrilla descubriera el engaño y la burla hecha a la “Causa” por Alfonso Carvajal, al menos así decretaba parte de la orden escrita en la que le pusieron precio a su cabeza, copia que meses después caería en manos de las autoridades. Por lo que el Coronel de la policía lo llamó y le rogó que se marchara de la ciudad, pues no podrían protegerlo.
Esa misma semana, una noche, contrató en secreto una chalupa y se marchó para siempre de su amada tierra adoptiva, tal y como había llegado casi 40 años atrás, sin equipaje.
Sus hijos y su esposa por diferentes motivos, años antes, se habían ido de Barrancabermeja. Pero esa precipitada y forzada salida, que entre otras cosas lo obligó a mal vender la finca La Esperancita, marcó el inicio de su ruina moral y económica.
Podría narrar más aventuras que él vivió, como cuando ayudó a fugarse de una cárcel a un amigo suyo en los 70´s, o cuando recibió una puñalada trapera que casi lo mata por un carnicero drogado en una plaza de mercado, o cuando salvó a un moribundo perro de fina raza traído de Estados Unidos por unos indolentes traficantes de cocaína, o cuando él se salvó de un mortal atentado en una trampa que le tendieron, o cuando lo atropelló un bus  elevándolo por los aires y más historias del más duro roble que he conocido. Pero las relataré en otra parte.
Mi extraordinario padre Alfonso Carvajal Botero murió en Medellín la mañana del 10 de diciembre de 1999, de una sorpresiva falla cardiorrespiratoria, en su cama estando dormido y embriagado, había bebido demasiado aguardiente la noche anterior. ¡Tal vez ni cuenta se dio del instante en que abandonó este mundo!
“Morirá en su ley”,  había sentenciado varios años atrás su hermana mayor y se cumplió.
Sus cenizas fueron esparcidas en el río Magdalena.
Murió con el siglo en el que nació y vivió. Centuria dramática y difícil para Colombia, tiempo y lugar del mundo en el que surgieron muchos hombres y muchísimas mujeres, fuertes y tenaces, como aquellos árboles cuya madera es muy dura y resistente. El siglo XX, el tiempo de los robles*.


Fin de la primera parte: HISTORIAS DE ROBLES*, (19 de mayo de 2009).
©2009, crónicas por Abel Carvajal bajo el título original de “Historias de robles”.  



"Llueve sobre Medellín". Foto por Abel Carvajal


 (*) Nota del autor

El apellido Carvajal es de origen leonés, del siglo X y significa "lugar o bosque de carvajos", procedente de la palabra "carvajo" que significa roble. También en portugués tiene significado similar. En América no está claro quiénes eran los primeros Carvajal que llegaron. Seguramente no procedían de un alto linaje sino más bien todo lo contrario, como la gran mayoría de conquistadores y colonizadores ibéricos de aquellos oscuros tiempos. Sin embargo, no puedo dejar de observar que buena parte de los hombres y mujeres que he conocido y de los que he escuchado, dentro y fuera de mi familia portadores del apellido Carvajal, le hacen honor al significado figurativo del roble: persona muy fuerte y resistente, en todos los aspectos.
Varios de estos robles, muy cercanos familiarmente a quien les escribe, fallecidos ya, protagonizaron las historias inspiradas en acontecimientos reales que me relataron o que conocí de la fuente primaria, los que escribo aquí tratando de estar muy apegado a esos hechos; aunque a decir verdad no faltaron los adornos y fantasías estilísticas propias de una amena narración. Sucesos que tal vez rayaron con lo ilegal o lo inmoral, pero no es asunto del escritor o del lector el juzgar. Conservé los nombres de pila originales de los protagonistas así como los de algunos personajes que aparecen, pero cambié los nombres de otros más para evitar agravios o susceptibilidades.
Estos Carvajal aparte de la sangre y el apellido, tenían en común el que eran antioqueños, es decir nacidos en la emérita Provincia, Estado y ahora Departamento de Antioquia en la  República de Colombia. Todas estas historias transcurrieron en el agitado siglo XX, en determinados pueblos y ciudades de los hermanos países  Colombia y Venezuela, pues otra característica propia de los antioqueños es el de emigrar con facilidad en busca de fortuna o de una mejor vida.
Desde hace varios años quienes escucharon o conocieron algunas de estas historias han pedido que se escriban. Dudé en redactarlas por mucho tiempo, debido a diferentes motivos o supuestas justificaciones, hasta que entendí que era parte de mi inexorable destino y aquí están.  Además todo aquel que ha sido conocedor o testigo de la Historia creo que tiene la obligación de registrarla, porque es cierto que el pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla.
Primero seleccioné las que consideré más atractivas y verosímiles para una masa de desconocidos lectores en la Internet, que en estilo de historias cortas o crónicas publiqué bajo el título “HISTORIAS DE ROBLES” (©2009, Abel Carvajal). Consignadas de nuevo en esta primera parte del libro pero ahora en versión revisada, corregida y adaptada. Me guardé, en ese momento, muchas historias más que calificaba de secretas o de no publicables…
Escribí estas narraciones no tanto para guardar la memoria de los personajes, del apellido o de una familia, lo que de por sí solamente sería válido, sino para que las próximas generaciones de habitantes de este mundo tengan una idea de cómo pensaban, actuaban y vivían muchos de los colombianos del siglo XX. Para que se conozca y se comprenda mejor la historia de este sorprendente país y a su asombrosa gente. Para que los colombianos (y todos los iberoamericanos) del  presente y del futuro encuentren el lugar que les corresponde al tener vigente nuestros orígenes, los que a veces parecen no importarnos. Para que respeten su pasado honrando a sus ancestros, sus tradiciones y sus costumbres. Para que se cuestionen las culturas importadas y prácticas foráneas, algunas más perniciosas de lo que creemos, aunque vengan en nombre de un  equivocado concepto de Globalización o peor, en nombre de un supuesto mundo dizque más avanzado.
A continuación escribo las demás historias que conservo en mi memoria, las no publicadas y las merecedoras de relatar. Con la entrada a escena de otros dos robles.  Algunas de las historias secretas, debo advertir, pueden parecer increíbles al lector o producto de la fantasía del escritor, pero ciertamente ocurrieron…  más o menos así:


(En la próxima entrega: Capítulos 1 y 2 de la segunda parte: HISTORIAS SECRETAS DE ROBLES... ¡Espérela en enero del 2012!)


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