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jueves, 9 de febrero de 2012

El tiempo de los robles (quinta entrega)

El tiempo de los robles




Historias basadas en personajes y acontecimientos reales.



Por: Abel Carvajal




Don Abel Carvajal Múnera, pocos meses antes de morir, con su hija mayor Lucila. En la calle frente a su casa de Carolina del Príncipe, Antioquia, Colombia, alrededor del año 1950.




3



LA SUERTE DEL TAHÚR



Había muerto el patriarca don Abel Carvajal Múnera en 1950, en el pueblo de Carolina del Príncipe, quedando el joven Alfonso como hijo varón al frente de los negocios, el segundo de los hombres mayores, pues el primogénito José había ya emigrado a Barrancabermeja.


Un buen día, impulsado tal vez por el deseo de la aventura propio de la edad, decidió Alfonso Carvajal salir de viaje a conocer mundo o cambiar la rutina del trabajo en las fincas. Se embarcó, sin dar muchas explicaciones, en el bus escalera de la flota intermunicipal hacia Medellín no obstante la sorpresa de sus hermanas Lucila, Amparo y Aluvia y de sus hermanos menores.




Día de fiesta en una de las fincas de don Abel Carvajal Múnera. Década de los 40s.




No se sabe cuánto tardó ni cómo llegó ni que hizo en el camino, el hecho es que terminó varias semanas después su periplo en la costera ciudad de Barranquilla. Desde donde le envió un escueto telegrama a Lucila, su hermana mayor, en el que se leía:


URGEME CINCUENTA MIL PESOS NEGOCIOS MANDELOS CON PETRONIO GRAN HOTEL


No sobra advertir, en especial a los más jóvenes lectores, que el telegrama o Marconi como también se le denominaba en Colombia en honor a su inventor, era un mensaje escrito que se transmitía vía cable telegráfico codificado en la famosa clave Morse, por lo que se perdían las tildes y los signos de puntuación, todo el texto era en letras mayúsculas; además se cobraba al remitente en función del número de palabras, por lo que la gramática y la sintaxis se resumía o recortaba al máximo con el fin de abaratar el costo de envío. Condiciones que a veces desembocaban en mensajes graciosos unas veces, ridículos en otras y por supuesto no faltaban los que ni un adivino lograba comprender. Lo que sí era seguro es que las largas explicaciones sólo se las permitían quienes contaban con buen efectivo para pagar su oneroso costo, por lo que Lucila dedujo que su hermano estaba quedándose sin dinero o como se dice coloquialmente estaba “pelado”, lo que más la angustió...


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4



CUATRO QUITES A LA MUERTE




Alfonso Carvajal Botero bajando de un avión de AVIANCA en el aeropuerto de Barrancabermeja. Al inicio de los años 60s.


Los colombianos revivieron de nuevo la violencia en la década de los cincuentas por cuenta de la irracional rivalidad política entre el Partido Conservador y el Partido Liberal, en una atroz lucha por monopolizar el poder en el Gobierno. Violencia que tiñó de sangre los campos más que las ciudades y que finalmente sólo aportó al país odios, venganzas, viudas, huérfanos, desplazados, mutilados, minusválidos, locos, fanáticos y mucha pobreza. Todo por defender el color azul o rojo de la bandera del partido al que se afiliaba o simplemente le simpatizaba o porque su padre y su abuelo pertenecían a uno u otro, pues muy pocos tenían claras las diferencias ideológicas entre los partidos. La mayoría de los actores y víctimas del conflicto nunca supieron con precisión porqué lucharon y murieron.


No obstante, el humor de los colombianos sale a flote hasta en los tiempos más nefastos como aquellos. Alfonso Carvajal narraba a sus amigos con jocosidad como un paisano suyo se salvó de ser asesinado por un grupo paramilitar (¿o parapolítico?) por su agudeza creativa o la llamada malicia indígena:


“Una noche por un oscuro camino rural del Magdalena Medio santandereano le salió al paso un pequeño grupo de hombres armados y apuntándole lo interrogaron: -¿A qué partido pertenece?


El paisano rápidamente respondió: -¡Pues al de la “L”!


-¿Ah, un liberal hijuep…? –Espetó el líder del grupo armado, al tiempo que desaseguraba su pistola mostrando una criminal intención.


-¡Liberal no, hombre, por Dios! ¡Soy laureanista, de la “L”, de Laureano! –Gritó el asustado paisano. Laureano Gómez era el nombre del reconocido jefe nacional del Partido Conservador.


Obviamente si los matones hubieran sido liberales también habría salido con vida del incidente gracias a la misma letra inicial del partido. Había jugado con una respuesta muy astuta el antioqueño.”


Vale la pena anotar que a Alfonso Carvajal Botero su filiación al Partido Liberal, si no de ideología sí de nombre muy acorde con su pensamiento y forma de vivir, casi le cuesta la vida. Pues los más fanáticos sectarios del opositor Partido Conservador, el que entre otras cosas gozaba desatinadamente con la bendición de algunos miembros del clero, se convirtieron en sus perseguidores, unos muy peligrosos. Hasta el punto de que en una ocasión debió esconderse en el fondo del pozo de agua de una casa vecina por dos días, para evitar que lo atraparan y lo mataran.


En otra ocasión, lo agarraron los chulavitas, seudopolicías esbirros de los conservadores, que a culatazo limpio casi le destrozan el cráneo, dejándole una memorable cicatriz tras la oreja derecha que lució por el resto de su vida, así como una sordera parcial por ese oído. ¡Por nada más que apoyar en épocas electorales a los candidatos partido rojo!


Pero la buena suerte o un buen ángel de la guarda lo acompañaban. Le hizo el quite a la muerte varias veces, como en las siguientes historias:...


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(*) El blanqueado es un típico dulce casero del occidente colombiano, hecho con panela.


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viernes, 6 de enero de 2012

El tiempo de los robles (cuarta entrega)


El tiempo de los robles


Historias basadas en personajes y acontecimientos reales.



Por: Abel Carvajal



Francisco Abel Carvajal Botero, subcampeon nacional de Venezuela peso pesado en levantamiento de pesas. Caracas, entre los años 60s y 70s.



SEGUNDA PARTE

 

HISTORIAS SECRETAS DE ROBLES



A la memoria de mi padre Alfonso Carvajal Botero.

Quien supo gozar de la vida siempre y engañar a la muerte varias veces.



Capítulos 1 y 2 de la Segunda Parte: HISTORIAS SECRETAS DE ROBLES



1



EL MATUTE




Petronio Carvajal Botero y su esposa, Barrancabermeja, años 60s.



Introducción fraudulenta de géneros de consumo en una población, es la primera corta definición que se encuentra en un viejo diccionario ilustrado de la lengua española para la palabra matute. Pero para Petronio Carvajal Botero, el hijo menor de don Abel Carvajal Múnera, como para muchos ambiciosos colombianos era la definición más elegante de un lucrativo negocio, con cierto riesgo pero asumible, en aquella transición de los años sesentas a los setentas: Contrabando de whiskys, otros licores, electrodomésticos, cigarros, cigarrillos y otras mercancías muy apreciadas de procedencia norteamericana en su mayoría.


Productos tasados con altos impuestos cuando se les importaba legalmente, algunos en casi condición de monopolio, que se vendían muy caros y en consecuencia ofrecían un alto margen para contrabandearlos. Cosa que no era difícil de lograr a través de la inmensa franja del litoral Caribe que tiene Colombia, mal vigilada en aquellos años, principalmente por la desértica península de la Guajira. Ventaja, vale la pena anotar, que muy pronto fomentaría un negocio ilícito aún más lucrativo: el tráfico de la marihuana, tan demandada en su momento en los Estados Unidos de América… Iniciándose así quizá la maldición que más sangre y lágrimas le ha costado a Colombia, que todavía sufre: el narcotráfico.


A Petronio Carvajal ni a ninguno de sus hermanos les interesó jamás el tráfico de marihuana como tampoco, años después, el de la coca o de la cocaína, pese a que las tentaciones abundaron. Entre la ambición y la codicia hay una singladura que separa moralmente el bien del mal.


Él fue quien tuvo la mayor oportunidad y predisposición a estudiar entre los Carvajal Botero, su hermana Lucila se aseguró de que así fuera. Lo envió a Medellín a estudiar el bachillerato y luego a la academia militar en Bogotá, donde se graduó de subteniente del ejército. Pero poco tiempo vistió el dril militar, pues en medio de una fatal combinación de alcohol y orgullo juvenil, un día de farra, le propinó tremendo puñetazo a un oficial de mayor jerarquía que supuestamente lo ofendió…


De nuevo en la vida civil, muy joven, Petronio decidió buscarse un porvenir junto a sus hermanos y hermanas en Barrancabermeja. Al lado de Alfonso se dedicó también a la compra-venta de ganado vacuno y porcino, mostrando gran capacidad en el negocio. Pues esta particular profesión mercantil exigía una habilidad especial en la época, en que no existían muchas básculas para pesar el ganado, la de calcular a ojo el peso de la res o del cerdo en la finca del ganadero o del criador y en función de ese cálculo comprar el ganado en pie para luego venderlo en el matadero pesado en canal, es decir una vez el animal es sacrificado, sangrado, abierto, sin las tripas y demás despojos. En otras palabras, al ganadero se le debía comprar el animal vivo y al carnicero se le debía vender lo que pesaba únicamente la carne y los huesos. De modo que si se sobrevaloraba el futuro peso en canal esto se traduciría en pérdida para el comerciante o mayorista de ganado al venderlo al carnicero, pero si se acertaba o se compraba subvalorado el peso habría una ganancia. Todo multiplicado por la cantidad de cabezas compradas.


Su habilidad como calculista preciso del peso de los semovientes fue puesta a prueba una tarde en que desembarcaron en el antiguo matadero de Barrancabermeja, junto al Caño Cardales (del Río Magdalena), un enorme cerdo traído desde una finca de Casabe, al otro lado del río. El impresionante marrano cojudo, por lo gigantesco, pronto incitó ese día una apuesta entre los carniceros, comerciantes y matarifes, sobre cuánto pesaba. Un reconocido carnicero organizó el envite, extrajo su ajetreada libreta y anotando en cada renglón el nombre de cada apostador y el peso en arrobas que le calculaba al frente, pronto reunió una atractiva bolsa. Era simple, quien quería apostar le entregaba el estipendio fijado, dictaba su nombre y peso que le calculaba al verraco, esa noche luego de sacrificarlo, lo pesarían antes de sangrarlo y abrirlo, así se sabría el ganador: quien más se hubiera aproximado al peso arrojado por el animal completo, no en canal esta vez...




Ana Cecilia Ochoa, esposa de Petronio Carvajal, en una finca en Antioquia, años 60s.


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(*)Chirrinche, cherrinche o chirrinchero: Términos despectivos para referirse al agente de aduana o alcabalero, utilizados en algunas regiones de Colombia, ya hoy en desuso.



2



UN ROBLE INCORRUPTIBLE



Izquiera a derecha: Petronio, Ana Ceciia, desconocido y Alfoso Carvajal (de pie). Feria de ganados de Barrancabermeja, inicios de los años 70s.


El hijo menor de don Abel Carvajal Múnera fue Petronio y el hijo mayor fue José, el que muchas historias debió protagonizar pues era hombre rebelde, bohemio y con gran fama de mujeriego; reputación que se patentiza por la cantidad de hijos que procreó desde muy joven. Se le conocieron no menos de nueve hijos, con dos compañeras con las que convivió en Barrancabermeja a donde llegó siendo un adolescente, en busca de fortuna, cuando todavía vivían su padre y sus hermanos en Carolina del Príncipe, a finales de la década del cuarenta.


De José Eusebio Carvajal Botero se puede decir que era un hombre íntegro, tal vez su mayor virtud en todo el sentido de la palabra. Pero a veces la rectitud riñe con la riqueza, como dos amigas que no se hablan, volviéndose una esquiva en aparecer cuando la otra está presente.


José logró conseguir un buen empleo en la Tropical Oil Company, gracias a sus paisanos antioqueños, los que se ayudaban unos a otros en el puerto petrolero, cosa que para nadie era un secreto. De todas formas el personal que provenía del vecino Departamento de Antioquia gozaba de una merecida fama de incansables y dedicados trabajadores, incluso entre los ejecutivos gringos; por lo que en Barrancabermeja se manifestaba una considerable colonia de antioqueños, muchos de ellos llegando a escalar los más altos puestos en la posteriormente nacionalizada empresa petrolera, que recibió el nombre de Ecopetrol (Empresa Colombiana de Petróleos S.A.) y la que aún hoy es de lejos la empresa más grande e importante de Colombia. José Carvajal fue uno de ellos. Antes de terminar la década de los cincuentas, ostentaba el importante cargo de jefe de compras de ganado en la empresa.


¿Para qué una compañía petrolera compra ganado?...


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Francisco Abel Carvajal Botero, cuando practicó fútbol en Venezuela, años 60s.


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(Espere en la próxima entrega otros dos de los más increíbles capítulos de esta Segunda Parte: HISTORIA SECRETAS DE ROBLES)


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Abel Carvajal deja de escribir

 "La aventura de escribir ha terminado para mí en esta vida. Debo seguir por el sendero ancho que la Vida me muestra y prestar atención...