Libros de Abel Carvajal

©Abel Carvajal. Derechos de autor reservados


"Si una obra literaria es demasiado larga para ser leída de una sola vez, preciso es resignarse a perder el importantísimo efecto que se deriva de la unidad de impresión... la brevedad debe hallarse en razón directa de la intensidad del efecto buscado"

Baltasar Gracián, escritor español ("Filosofía de la composicion")


miércoles, 13 de mayo de 2015

MÁS ALLÁ DE LA MUERTE (el documento completo)

Carboncillo por Abel Carvajal


Más allá de la muerte


Serie de artículos escrita por Abel Carvajal y publicada bajo el seudónimo de Mateo Leví - Editor, entre noviembre de 2013 y febrero de 2014, en el blog: http://territorio64.blogspot.com/

La vida más allá de la muerte es un tema de larga discusión y hasta de especulación, pero trataré de presentar algunos textos y análisis sobre este misterio, de algunos autores y traductores de religiones como el cristianismo católico, el judaísmo, el hinduismo y tal vez otras más, en éste y no sé cuántos artículos más. (Mateo Leví - Editor)


¿Cómo resucitan los muertos?

Pero preguntará alguno ¿cómo resucitan los muertos?, ¿con qué cuerpo salen? ¡Necio! Lo que tú siembras no llega a tener vida si antes no muere. Lo que siembras no es la planta tal como va a brotar sino un grano desnudo, de trigo o de lo que sea; y Dios le da el cuerpo que quiere, a cada simiente su cuerpo. No todos los cuerpos son iguales. Una es la carne del hombre, otra la de las reses, otra la de las aves, otra la de los peces. Hay cuerpos celestes y cuerpos terrestres. Uno es el resplandor de los celestes y otro el de los terrestres. Uno es el resplandor del sol, otro el de la luna, otro el de los astros; un astro se distingue de otro en resplandor.
Así pasa con la resurrección de los muertos: se siembra corruptible, resucita incorruptible; se siembra miserable, resucita glorioso; se siembra débil, resucita poderoso; se siembra un cuerpo natural, resucita un cuerpo espiritual.

(1 CORINTIOS 15, 35-44)

______
Pablo comienza llamando "necios" a los que se imaginaban (y aún hoy en día) a los cadáveres saliendo de las tumbas con sus carnes recompuestas (con el cuerpo totalmente reconstruido como fue en la vida mundana)... El Apóstol, a través de comparaciones, nos lleva a la única respuesta posible: al ilimitado poder Divino. Éste se manifiesta tanto en el mundo vegetal como en el mundo animal...
Pablo llama "a cada simiente su cuerpo", a la planta madura que, en el cambio total de su forma material, está resaltando el principio vital que lo ha hecho posible y que no es otro que el poder de Dios... como en el de los "cuerpos celestes", de los que el Apóstol resalta su "resplandor"...
La resurrección, pues, no es el resultado de un proceso de evolución natural, sino obra del poder de Dios...
"Se siembra un cuerpo natural, resucita un cuerpo espiritual".

(LA BIBLIA DE NUESTRO PUEBLO, Luís Alfonso Schökel, VI edición, Págs. 1817 y 1818)



La magistral primera carta que Saulo de Tarso o San Pablo escribió a los Corintios continúa de una manera muy clara el tema de la vida después de la muerte:

Así está escrito: el primer hombre, Adán, se convirtió en un ser vivo, el último Adán se hizo un espíritu que da vida. No fue primero el espiritual sino el natural, y después el espiritual. El primer hombre procede de la tierra y es terreno, el segundo hombre procede del cielo. El hombre terrenal es modelo de los hombres terrenales; como es el celeste modelo de los hombres celestes. Así como hemos llevado la imagen del hombre, llevaremos también la imagen del celeste.
Hermanos, les digo que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción heredará lo que es incorruptible. Les voy a comunicar un secreto: no todos moriremos, pero todos seremos transformados. En un instante, en un abrir y cerrar de ojos, al último toque de la trompeta que tocará, los muertos resucitarán incorruptibles y nosotros seremos transformados. Esto corruptible tiene que revestirse de inmortalidad. Cuando lo corruptible se revista de incorruptibilidad y lo mortal tiene que revestirse de inmortalidad.
Cuando lo corruptible se revista de incorruptibilidad y lo mortal de inmortalidad, se cumplirá lo escrito:
La muerte ha sido vencida definitivamente. ¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?
El aguijón de la muerte es el pecado, el poder del pecado es la ley. Gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.
En conclusión, queridos hermanos, permanezcan firmes, inconmovibles, progresando siempre en la obra del Señor, convencidos de que sus esfuerzos por el Señor no serán inútiles.

(1 CORINTIOS 15: 45-58)

______
(Pablo) sigue desarrollando su mensaje con la comparación Adán-Cristo... El segundo Adán -Cristo resucitado- es espíritu de vida, procedente del Cielo. El primero es la imagen de nuestra condición terrestre, la imagen que el Padre transmite al Hijo (Gn. 5,3); el segundo es la imagen de nuestra condición celeste... "Carne y sangre", el cuerpo humano corruptible, es incapaz de recibir la herencia del "reino" de la gloria y la inmortalidad... Tiene que transformarse primero mediante el poder de Dios. Pablo se refiere a esta necesaria transformación con la mirada puesta en los acontecimientos de los últimos días (1 Tes. 4: 15-17)

(LA BIBLIA DE NUESTRO PUEBLO, Luís Alfonso Schökel, VI edición, págs. 1818 y 1819)


Acrílico sobre madera por Abel Carvajal


Uno de los libros más leídos de la milenaria India, del que se dice lo leyeron con sumo interés el Mahatma Gandhi, Ralph Waldo Emerson, Wilhelm Von Humboldt, Arthur Schopenhauer y Albert Einstein entre otros personajes célebres, es el "Bhagavad-gita. La Ciencia Suprema", del que sus traductores describen como la luz y el conocimiento más confidencial... ¿Qué está escrito en éste antiguo libro hindú sobre la muerte y la vida en el más allá?:


En el capítulo 13: ¿Cómo transmigran los seres vivientes?

20. Se debe comprender que tanto la naturaleza material como las entidades vivientes no tienen principio. Sus transformaciones y las modalidades de la materia son productos de la naturaleza material.
21. Se dice que la naturaleza es la causa de todas las actividades y efectos materiales, mientras que la entidad viviente es la causa de los diferentes sufrimientos y goces de este mundo.
22. De esa forma, la entidad viviente dentro de la naturaleza material sigue los senderos de la vida, disfrutando de las tres modalidades* de la naturaleza. Esto se debe a su asociación con esta naturaleza material. Así se encuentra con el bien y el mal entre las diversas especies.
23. Sin embargo, en este cuerpo existe alguien más, un disfrutador trascendental, que es el Señor, el propietario supremo, quien existe como el superintendente y el permitidor, y a quien se Le conoce como la Superalma.
24. Aquel que comprende esta filosofía concerniente a la naturaleza material, a la entidad viviente y a la interacción de las modalidades de la naturaleza, está seguro de alcanzar la liberación. Él no nacerá de nuevo aquí, a pesar de su posición actual.
25. Algunos perciben a la Superalma a través de la meditación, otros a través del cultivo del conocimiento, y otros a través del trabajo sin deseo fruitivo.
26. Además, existen aquellos que, aunque no están versados en el conocimiento espiritual, comienzan a adorar a la Persona Suprema al oír acerca de Él. Debido a su tendencia de oír de parte de las autoridades, ellos también trascienden el sendero del nacimiento y la muerte.
...28. Aquel que ve a la Superalma acompañando al alma individual en todos los cuerpos, y que comprende que ni el alma ni la Superalma se destruyen jamás, él realmente ve.
...33. Aunque el cielo es omnipenetrante, no se mezcla con nada debido a su naturaleza sutil. De igual manera, el alma situada con la visión del Brahaman, no se mezcla con el cuerpo, aunque esté situada en ese cuerpo.
..35. Aquel que sabiamente ve esta diferencia entre el cuerpo y el propietario del cuerpo, y que puede comprender el proceso de liberación de este cautiverio, también llega a la meta suprema.

(*) Las tres modalidades de la naturaleza material son: bondad, pasión e ignorancia.


Del capítulo 14: El destino después de la muerte: en bondad, pasión e ignorancia.

14. Cuando uno muere en la modalidad de la bondad, alcanza los planetas puros superiores.
15. Cuando uno muere en la modalidad de la pasión, nace entre aquellos que se ocupan en actividades fruitivas; y cuando muere en la modalidad de la ignorancia, nace en el reino animal.
16. Actuando en la modalidad de la bondad, uno se purifica. Las obras ejecutadas en la modalidad de la pasión producen angustia, y las acciones que se ejecutan en la modalidad de la ignorancia resultan en una necedad.


En el capítulo 15: La morada de Krishna

5. Aquel que está libre de ilusión, del prestigio falso y la asociación falsa, que comprende lo eterno, que ha terminado con la lujuria material y está libre de la dualidad de la felicidad y la pena, y que sabe cómo rendirse a la Persona Suprema, alcanza ese reino eterno.
6. Esa, mi morada, no está iluminada por el sol, ni por la luna... Aquel que llega a ella, nunca regresa a este mundo material.

En el capítulo 16: Hay tres puertas que conducen hacia el infierno

21. Hay tres puertas que conducen a este infierno: la lujuria, la ira y la codicia. Todo hombre cuerdo debe abandonarlas, pues conducen a la degradación del alma.
22....el hombre que se libera de estas tres puertas del infierno, ejecuta actos conducentes a la autorrealización, y así, alcanza gradualmente el destino supremo.
23. Pero aquel que hace a un lado los mandatos de las escrituras y actúa de acuerdo con sus propios caprichos, no alcanza ni la perfección, ni la felicidad, ni el destino supremo.


(BHAGAVAD-GITA. LA CIENCIA SUPREMA. Compilado por: Swami B. A. Paramadvaiti y Srila Atulananda Acharya)

______
Se hace inevitable leer algunas enseñanzas parecidas a las de Jesús de Nazaret, ¿cierto? Lo que da lugar a una cuestión: ¿Se nos ha presentado el mismo y único Dios, a lo largo de la historia, de diferentes formas en las diversas religiones? (Mateo Leví - Editor)



Continuamos con uno de los libros más leídos del Hinduismo, el "Bhagavad-gita. La Ciencia Suprema", del que se dice lo leyeron con atención el Mahatma Gandhi, Ralph Waldo Emerson, Wilhelm Von Humboldt, Arthur Schopenhauer y Albert Einstein entre otros personajes famosos... ¿Qué más está escrito en éste antiguo libro hindú sobre la muerte y la vida en el más allá?:


Para finalizar, en el CAPÍTULO 9: "EL CONOCIMIENTO MÁS CONFIDENCIAL"

20. Aquellos que estudian los Vedas y beben el jugo de soma buscando los placeres celestiales, Me (Krishna) adoran indirectamente. Ellos nacen en el planeta de Indra donde disfrutan de los deleites celestiales.
21. Cuando ellos han disfrutado así el placer celestial de los sentidos, retornan nuevamente a este planeta temporal. Así, a través de los principios védicos, ellos sólo alcanzan una felicidad fugaz.
22. Pero quienes Me adoran con devoción, meditando sin desviación en Mi forma trascendental, Yo Mismo les llevo lo que les hace falta y les preservo lo que poseen.
...25. Aquellos que adoran a los semidioses, nacerán entre los semidioses; aquellos que adoran a los fantasmas y espíritus, nacerán entre tales seres; aquellos que adoran a los antepasados, irán a los antepasados; y aquellos que Me adoran, vivirán conmigo.
...29. Yo no envidio a nadie ni Me parcializo por nadie. Soy igual para con todos, pero aquel que Me rinde servicio con devoción, es Mi amigo, está en Mí y Yo también soy un amigo para él.
30. Incluso, si alguien comete las acciones más abominables, si él está consagrado al servicio devocional, se le debe considerar un santo, pues está debidamente situado.
31. Prontamente él se torna virtuoso y alcanza la paz perdurable...


* * *


Pasemos ahora a otra milenaria filosofía asiática, y escribo "filosofía" porque a ésta muchos no la consideran religión: el Taoísmo. Iniciada o fundada por un casi desconocido hombre de la antigua China llamado Lao Tse con su muy popular libro "Tao Te King", libro que al parecer no escribió sino que dictó (o inspiró). ¿Qué se encuentra en este misterioso libro sobre la vida después de la muerte?

En las primeras prosas:

"...Quien permanece sin deseos contempla
el Misterioso Principio
Quien guarda deseos contempla los límites
de las apariencias
Ambos son idénticos en su Origen
Y distintos sus nombres al hacerse manifiestos
Este misterio se llama Infinita Profundidad
Profundidad no desvelada aún por el hombre
Que es la Puerta de todas las Maravillas del Universo"

Más adelante se lee:

"El Espíritu del Valle nunca muere
Este forma la Misteriosa Madre
Su Vientre es la Puerta del origen del Cielo y la Tierra
Continua y permanente
Realiza sin consumirse jamás
Pídele y te servirá con facilidad"

"El Cielo es eterno la Tierra permanente
El Cielo es eterno porque no busca su existencia en sí misma
La Tierra es permanente porque no busca
su existencia en sí misma
Por ello perduran"

Y más o menos en la mitad del Tao Te King, leemos:

"Conserva el Vacío Absoluto
Y la Perfecta Paz permanecerá
Todas las cosas tienen un mismo origen
Y desde allí las contemplamos retornar
Todas las cosas emanan florecientes
Y cada una de ellas regresa a su origen
Regresar a su Principio es reposar
Reposar es encontrar el nuevo Destino
El regreso al Destino se le llama Eternidad
Al que conoce lo Eterno se le llama Iluminado
El que desconoce lo Eterno su miseria es desventura
Quien conoce la Eternidad todo lo posee
Quien es justo con los demás es soberano
Quien es soberano es semejante a lo Supremo
Lo Supremo es el Camino del Tao
Alcanzando el Tao tendrá vida eterna
Y aunque su cuerpo muera él nunca perecerá"

______
(Lao Tse, Tao Te King. Texto prologado y traducido por José M. Tola, Lima, Perú, 1972. Edición de Grafoprint, Medellín, Colombia, 1994)


No sobra advertir, para algún descuidado lector o muy radical en su religión, que trato de mostrar con todo respeto y fiel a cada palabra lo que está escrito, sobre el tema que nos concierne, en los más antiguos y sagrados libros de las religiones igualmente más antiguas y con más número de seguidores en el mundo actual como lo es el Cristianismo, el Hinduismo, el Taoísmo, el budismo y el Judaísmo, entre otras. No soy un erudito en el tema y mucho menos un teólogo universal, así que pocos comentarios hago sobre los textos aquí presentados, y dejo sin tratar del todo una importante religión como el Islamismo por insuficiente conocimiento. (Mateo Leví - Editor)



¿Qué más nos dice sobre la muerte el extraño y místico Lao Tse en su igualmente extraño pero gran libro el Tao Te King? (Es menester recordar, para una mejor comprensión, que este texto fue escrito en una época muy lejana, en medio de una cultura desconocida y en una antigua lengua china, así que su traducción a una lengua moderna y de pensamiento occidental no debió ser cosa fácil)


Avanzando más en este antiquísimo libro, dice sobre la muerte:

"El hombre que vive de prisa muere demasiado antes
Las causas de la vida son trece
Las causas de la muerte son trece
Los hombres que aman la vida con ansiedad mueven
el punto de su muerte
¿Cómo así?
Porque quieren vivir la vida intensamente
Pero aquel que sabe conservar la vida
Cuando camina por el desierto no halla rinocerontes ni tigres
Y va a través de un ejército sin llevar coraza ni espada
Así ni el rinoceronte encuentra donde hundirle su cuerno
Ni el tigre donde clavar sus garras
Ni las armas donde hundir su filo
¿Cómo así?
Porque no busca los peligros de la muerte"

Y sigue más adelante:

¿Si los hombres no temen la muerte
Con qué fin amenazarlos con la muerte?
Si alguien obrase mal hacer que tenga horror a la muerte
Para que el Cielo pueda castigarlo y darle muerte
¿Quién así se atreverá al mal sabiendo que está en manos de la
muerte?
Quien toma su cargo este lugar para dar muerte
Es como quien en vez del carpintero intenta aserrar
Al intentar aserrar difícilmente salvará su mano"

Y para concluir, al final del maravilloso Tao te King, encontramos:

"Cuando el hombre es niño es tierno y blando
Pero cuando llega la muerte se vuelve rígido y duro
Hierba y árboles cuando brotan son tiernos y débiles
Pero cuando les llega la muerte se vuelven mustios y secos
Por esto lo rígido y lo duro son heraldos de la muerte
Por esto lo tierno y lo débil son heraldos de la vida
Así cuando un árbol está rígido será hecho leña

El sitio de lo fuerte y lo duro está debajo
El sitio de lo débil y lo tierno está en lo alto"

______
(Lao Tse, Tao Te King. Texto prologado y traducido por José M. Tola, Lima, Perú, 1972. Edición de Grafoprint, Medellín, Colombia, 1994)



Si tratara a fondo qué se dice sobre la muerte y más allá en la muy interesante religión Budista, sólo en la vertiente tibetana necesitaría más de diez artículos adicionales, pues es tanto lo que se ha escrito sobre la muerte que hasta existe un muy respetado y antiguo libro: EL LIBRO TIBETANO DE LOS MUERTOS. Un libro tan complejo para un occidental, que hasta el venerable Dalai Lama advierte sobre el desconcierto y confusión que puede ocasionarle a un lector poco familiarizado con el budismo tibetano y toda la cultura que existe a su alrededor. Pero mostremos algo:


Sobre lo que se traduce como el albor de la Luminosidad Base o "Clara Luz", donde la propia conciencia se disuelve en el espacio de la verdad que todo lo abarca:

"La naturaleza de todo es abierta, vacía y desnuda como el cielo. Vacuidad luminosa, sin centro ni circunferencia: alborea la Rigpa pura y desnuda."

Sobre los bardos... lo que le ocurre a una persona cuando muere, en cada una de las tres etapas cruciales de la muerte:
1. En la culminación del proceso de morir, tras la disolución de los elementos, sentidos y estados del pensamiento, la naturaleza última de la mente, La Luminosidad Base, queda momentáneamente al desnudo.
2. Luego, se manifiesta y brilla fugazmente el resplandor de esa naturaleza de la mente en apariciones del sonido, colores y luz.
3. A continuación, la conciencia del difunto despierta y entra en el bardo del devenir; regresa su mente ordinaria y asume una manifestación, la forma del cuerpo mental, sujeta a los dictados del karma y los hábitos pasados, que impulsan a la mente ordinaria a aferrarse a las experiencias ilusorias del bardo como si fueran reales y sólidas.

______
(EL LIBRO TIBETANO DE LA VIDA Y DE LA MUERTE, por Sogyal Rimpoché. Editado por Patrick Gaffney y Andrew Harvey, Ediciones Urano, 2006.)



¿Y qué está escrito sobre la vida más allá de la muerte en la que creo es la más antigua religión "viva" del mundo, el judaísmo? Veamos qué dice su libro más sagrado: La Tora (Torah) y demás libros, cuyos textos son más o menos los mismos del Antiguo Testamento de la Biblia en el Cristianismo. Por algo, según recuerdo, dijo en vida el gran Papa Juan Pablo II: "...nuestros hermanos judíos son nuestros hermanos mayores y por lo tanto les debemos todo el respeto que se merecen como mayores".

Sobre la muerte como tal:

"Al hombre le dijo:
-Porque le hiciste caso a tu mujer y comiste del árbol prohibido, maldito el suelo por tu culpa: con fatiga sacarás de él tu alimento mientras vivas; te dará cardos y espinas, y comerás hierba del campo. Comerás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella te sacaron; porque eres polvo y al polvo volverás."
(Génesis 3: 17-19)

Y uno de mis textos favoritos que anuncia un juicio en el más allá una vez que acontece la muerte, del "Qohelet", término que parece aludir al sabio o maestro, cuya traducción griega llegó hasta nosotros como "Eclesiastés", que significaría hoy en día algo así como "Predicador":

"Dulce es la luz y los ojos disfrutan viendo el sol. Pero por muchos años que viva el hombre, y los disfrute todos, debe recordar que los años oscuros serán muchos y que todo lo que viene es pura ilusión. Disfruta, muchacho, mientras eres joven y pásalo bien en la juventud... y sabe que Dios te llevará a juicio para dar cuenta de todo... niñez y juventud son efímeras."
(Eclesiastés 11: 7-10)

"Acuérdate de tu creador durante tu juventud, antes de que lleguen los años difíciles y alcances los años en que digas: no les saco gusto... Antes de que se rompa el hilo de plata, y se destroce la copa de oro, y se quiebre el cántaro en la fuente, y se caiga la cuerda al pozo, y el polvo vuelva a la tierra que fue, y el espíritu vuelva a Dios, que lo dio.
Pura ilusión -dice el Qohelet-, todo es pura ilusión"
(Eclesiastés 12: 1-8)

Y otro de mis autores favoritos es Ben Sirá, en su magistral libro "Eclesiástico", y sobre la relación Dios-hombre y muerte-vida escribe con frecuencia, como el siguiente texto:

"Todos los hombres son piezas de barro, pues de arcilla fue creado el hombre; pero la sabiduría de Dios los distingue, los hizo habitar la tierra e hizo diferentes sus destinos...
Como está el barro en mano del alfarero, que lo maneja a su voluntad, así está el hombre en manos de su Creador, que le asigna un puesto en su presencia.
Frente al mal está el bien, frente a la vida la muerte, frente al honrado el malvado, frente a la luz las tinieblas.
Contempla las obras de Dios:
Todas de dos en dos, una corresponde a otra."
(Eclesiástico 33: 10-15)

Y para concluir, una reflexión muy profunda, e intrínseca a mi modo de ver, sobre el envejecimiento y la mortalidad de nuestros cuerpos... y lo que sigue:

"Las obras de Dios son todas buenas y cumplen su función a su tiempo.
No digas: ésta es mala, ¿para qué sirve?, porque cada una es útil a su tiempo."
(Eclesiástico 39: 33-34)


* * *


¿Y bien? Se nos acabó el tiempo. Sobre la muerte y más allá, la resurrección del espíritu o alma, hay mucha tela para cortar. La buena noticia es que en todas las religiones (aquí presentadas, y en casi todas creo) se tiene la certeza de una resurrección de los muertos o de una vida en el más allá o de que somos (o poseemos) un espíritu eterno, que la carne queda aquí en esta dimensión de las formas y del tiempo como diría Platón y el Ser pasa a una dimensión inmaterial... Mejor dejo aquí asunto tan espinoso. 

No me despido sin antes recomendar un magnífico libro sobre el tema: LA VIDA MÁS ALLÁ DE LA MUERTE, por el padre fray LEONARDO BOFF, o.f.m. (La edición que tengo del libro es de la Confederación Latinoamericana de Religiosos, colección Perspectivas, cuarta edición, 1981). Espero que lo puedan conseguir y leer... antes de morir.


Mateo Leví - Editor. 

¡Ah! ¿Qué cuál es mi religión? Después de todo lo que les he presentado, ¿creen de verdad que la religión que cada quien profesa le importa tanto a Dios?

Y todavía no termina este documento:



A manera de epílogo presento a continuación apartes (adaptados) muy significativos del magistral libro del Padre Leonardo Boff: LA VIDA MÁS ALLÁ DE LA MUERTE


Las dos curvas existenciales

El hombre nace, crece, se hace adulto, madura, envejece y muere. Comienza su vida con un enorme potencial dinámico, que se desgasta a medida que va envejeciendo. Es la curva biológica, caracterizada por una pérdida progresiva  e irreversible de material energético. Ya el niño es suficientemente viejo para morir. La muerte no viene de fuera o en el final de la vida biológica: coincide con la vida. El hombre va muriendo por etapas. Cada segundo y cada momento representan vida gastada. La vida del hombre es vida mortal o muerte vital. La vida a su vez tiende a mantenerse en la supervivencia. Afirma constantemente el yo biológico... hasta un punto en que se vacía de energía vital. Entonces el hombre acaba de morir. Es la curva biológica del hombre exterior.

Con todo, el hombre no se agota en esta determinación. Antes por el contrario: en él hay otra curva de vida personal. Esta tiene el sentido contrario de la anterior: comienza pequeña como un germen y va creciendo indefinidamente. El hombre comienza a crecer interiormente: florece la inteligencia, perfila la voluntad, rasga horizontes, abre el corazón para el encuentro con el tú y con el mundo... Saliendo de sí mismo, yendo al encuentro de los otros, construye su personalidad... crece en él el hombre interior. La primera parábola, la biológica, va sucesivamente decreciendo hasta acabar de morir. La segunda parábola, la personal, puede crecer indefinidamente hasta acabar de nacer.
Para este crecimiento pueden servir de trampolín todas las situaciones: las crisis que lo acrisolan y purifican haciéndolo sumergirse de forma más profunda en el misterio de la vida; los desastres mortales, donde experimenta la fragilidad de la condición humana... las enfermedades, que le van corroyendo por dentro; todo esto puede contribuir a que vaya creciendo en su núcleo personal interior, su verdadera identidad. Lo importante está en sí logró construir un yo y una situación responsable perfilada en el desafío de cada situación. Puede haber tenido una vida gastada y pérdida económica y culturalmente. Pero si en esto logró la inmersión y dejó emerger lo que la polilla ni la carcoma pueden corroer, nació en él la verdadera vida humana, el sentido de la vida biológica, que no puede sucumbir al contacto con la muerte.

"Mientras el hombre exterior se está destruyendo, nuestro hombre interior se renueva día a día". (2 Cor. 4, 16)


La muerte como escisión y paso

La muerte es un corte entre el modo de ser temporal y el modo de ser eterno en el cual entra el hombre. 

La muerte es semejante al nacimiento. Al nacer, el niño abandona la matriz que lo nutría, que, al poco tiempo, a los nueve meses, se había vuelto sofocante y agotaba las posibilidades de vida intrauterina. Pasa por una violenta crisis: es apretado, empujado de todos lados, y por fin arrojado al mundo. No sabe que lo espera un mundo más vasto que el vientre materno, lleno de amplios horizontes y de ilimitadas posibilidades de comunicación. Al morir, el hombre pasa por una crisis* semejante: enflaquece, va perdiendo el aire, agoniza y es como arrancado de este mundo. Mal sabe que va a irrumpir en un "mundo" muchísimo más grande que el que acaba de dejar, en donde su capacidad de relacionamiento se extenderá hasta el Infinito.

En la muerte, la placenta de recién nacido no está ya constituida por los estrechos límites del hombre-cuerpo, sino por la inmensidad del Universo total.

(*)Pero antes de llegar a su culminación antropológica, el hombre pasa por una postrera e inaplazable crisis. Crisis que es juicio, decisión y acrisolamiento.


La muerte como verdadero nacimiento del hombre

Si la muerte significa un perfeccionamiento antropológico en el sentido de que le hombre entonces adquiere las dimensiones de toda la realidad y no solamente tiene la dimensión de su situación terrenal, entonces podremos decir: la muerte es el vere dies natalis (día del verdadero nacimiento) del hombre. Aquí es donde al hombre se le concede la posibilidad de ser totalmente él, en plenitud con los dinamismos ocultos dentro de su ser.

El pleno desenvolvimiento del hombre interior ahora ya no conoce límites; se inició germinalmente; puede florecer; ahora revienta en la primavera que jamás acaba.

"Muriendo acabamos de nacer" (Benjamin Franklin)


¿Cómo será el cuerpo resucitado?

Siguiendo a San Pablo (1 Cor. 15, 35) podemos decir que será resucitado y transfigurado. En la muerte cada cual ganará el cuerpo que merece; éste será la perfecta expresión de la interioridad humana, sin las estrecheces que rodean a nuestro presente cuerpo carnal. El cuerpo glorioso tendrá las cualidades del hombre-espíritu que son de universalidad y ubicuidad. La resurrección conservará la identidad personal de nuestro cuerpo. Pero no su identidad material... Si se conservara la identidad material ¿cómo sería entonces el cuerpo de un feto que hubiera muerto en el tercer mes de gestación o el de un anciano o el de un anormal? La resurrección conferirá a cada uno la expresión corporal propia y adecuada a la estructura del hombre interior.

______
(LA VIDA MÁS ALLÁ DE LA MUERTE,  Leonardo Boff, o.f.m., colección Perspectivas - CLAR No. 6, cuarta edición, capítulo 2)




FIN




Mateo Leví –Editor (seudónimo)
http://territorio64.blogspot.com/
©Abel Carvajal, 2014. Derechos de autor reservados.


Si desea descargar el documento completo (con otras ilustraciones) MÁS ALLÁ DE LA MUERTE, se encuentra disponible gratis en archivo PDF en: 






viernes, 17 de abril de 2015

NUEVO LIBRO: Anacleta y Alina (tiras cómicas)

Anacleta y Alina
por Abel Carvajal


En los años 80´s y 90´s Abel Carvajal dibujó diversas tiras cómicas y caricaturas como la gallina ANACLETA, la precóz niña ALINA y otros graciosos personajes. Descúbrelos y diviértete con la recopilación de sus "comics" en el nuevo libro ANACLETA Y ALINA (54 páginas en formato PDF), disponible completamente gratis en:



*****


miércoles, 26 de noviembre de 2014

CAMINO A ORIENTE (Fin): La Energía, La Muerte y La Vida


CAMINO A ORIENTE, un encuentro con la plenitud, ya está disponible en amazon.es (edición Kindle) en: http://www.amazon.es/Camino-Oriente-encuentro-con-plenitud-ebook/dp/B00NB6F22Q/ref=sr_1_2/278-1482760-4694024?s=digital-text&ie=UTF8&qid=1410452590&sr=1-2


LA ENERGÍA



“El lobo siempre camina con cuidado, trata de pasar desapercibido. Imperceptible para sus enemigos e invisible para sus presas. Anda siempre de cacería al tiempo que evita ser cazado. Para ello camina sin hacer ruido, paso a paso, calculando cada movimiento que da con cada una de sus patas. No pisa las hojas ni ramas secas, tampoco las piedras sueltas y camina contra el viento. Su fino olfato le advierte sobre el entorno, lo mismo que su aguzado oído, pues no en vano sus orejas están permanentemente erguidas.

Es audaz y prudente. Su mayor virtud es la atención, un lobo rara vez anda distraído, se concentra en cada acto de su vida, para realizarlo a la perfección. Sabe que en su vida los errores se pueden pagar con la muerte. Es tan astuto, que aunque primo del perro no ladra ni es bullicioso como éste. Ladrar es un acto imprudente. Él sabe que para amedrentar basta con mostrar sus colmillos y mirar ferozmente. Pero tiene su corazón. Su espíritu es el de un poeta, pues no resiste el encanto de las noches de luna llena. A esa inalcanzable esfera blanca le canta, le aúlla, no sabe si de tristeza o de alegría.

Ahora nos volveremos lobos:

Imaginemos que lo somos y caminemos paso a paso, sin ruido. Sin hablar, con atención en los movimientos y en el entorno. Mirando, olfateando y escuchando lo que nos rodea. Recuerda no pisar las ramas secas ni las piedras sueltas, tampoco roces con tu cuerpo arbusto o rama alguna, sé impecable”.

Dicho esto el alquimista inició la caminata con sigilo, moviendo cada pierna despacio y asentando con suavidad cada pie, primero la punta y luego el talón. Para esto doblaba un poco las rodillas e inclinaba el tronco hacia adelante. Las manos suspendidas en el aire, con las palmas hacia abajo, se movían en sincronía con la pierna opuesta.

Al hombre esto le causó gracia en un comienzo, pero decidió seguir el juego e imitarlo. Caminaron por el monte, entre el bosque, por la orilla del lago, uno detrás del otro. Al inicio le fue difícil no hacer ruido, descubrió lo torpes y ruidosos que son los humanos al caminar, como si fuesen los amos del mundo. Pero poco a poco, a medida que se concentraba en sus pasos, se convirtió en un acechador silencioso y lento.

Caminaron cosa de media hora. El hombre se sentía un lobo, lo disfrutaba como un niño. Levantó la vista y descubrió que el alquimista había desaparecido, lo buscó con sus ojos en vano. Trató de escuchar sus pisadas… ¡imposible, también debía caminar como un lobo! Estaba solo, así que decidió dar por terminado el juego y vagar por el bosque. Se encaminó hacia donde un rato antes había divisado a un par de pescadores a la orilla del lago.

Cuando estaba acercándose a ellos… ¡zas!, sintió que lo lanzaron contra el suelo, por la espalda. Gritó asustado. Descubrió al agresor: el viejo maestro que no dejaba de carcajearse.

“No le encuentro la gracia”, repuso incorporándose.

El alquimista rió aún con más fuerza y dijo: “Por supuesto que tu no pero yo sí…” Rió de nuevo. “Te volviste un lobo descuidado, peor, un humano muy confiado. El lobo no sólo cuida de su cuerpo sino también de su energía. Sabe que todo ser vivo es energía y por ende agotable, luego ahorra y reserva toda la que más puede. No la desperdicia y la tiene así disponible para cuando más la necesita. Para un lobo el distraerse es un acto mortalmente imprudente además de un derroche de energía”.

El hombre trataba de entender la metáfora del maestro, quien prosiguió: “Sé que es difícil de comprender y de aceptar, pero así es. La vida es energía pura que se nos suministra al momento de concebirnos. Esta energía es manejable: se puede gastar, ahorrar o aumentar en el transcurso de la vida”.

“¿Cómo se gasta?” Preguntó él.

“De mil maneras. Pero el peor derroche proviene de los actos emotivos como las disputas, las peleas, las iras, los celos, las envida, irritarte o un simple enojo, por no hablar de la violencia. En fin todo aquello que te hierve la sangre, te pone colorado, te revuelve el estómago y te altera. Esto es salida o pérdida de energía. Observa cuan desgastado quedas después de un hecho de este tipo. Así que es estúpido dejarse llevar por esas emociones negativas que no hacen más que gastar tu valiosa energía vital, cuando la serenidad del espíritu, el sosiego, es el banco donde se ahorra.

Así mismo puedes ganar energía, enriquecerte de energía vital. Convertirte en un poderoso campo magnético, un ser invencible. ¿Cómo? También de mil maneras. Recapitula todo lo que te he enseñado y hallarás las formas.

Si manejas con atención tu energía vivirás bien y morirás mejor todavía…”

“¿Y es que se puede morir con energía?” Interrumpió el hombre.

“Claro que se puede. Es más, se debe morir con energía.”

“Háblame de la muerte.”

El alquimista observó las lejanas siluetas de los pescadores, uno de los cuales izaba una trucha con su caña. Después de un breve silencio dijo: “Pues entonces invitemos a la muerte a este picnic.”





LA MUERTE



“¿Trajiste la piedra pómez?” preguntó el alquimista.

“Sí, también la navaja”, respondió mostrándola.

“Pues bien, entonces talla tu calavera.”

“¿Mi calavera?” interpeló con un gesto de incredulidad.

“Claro hombre, la armazón ósea de  tu cabeza, el cráneo que quedará tiempo después de tu muerte.”

“¡Eso suena macabro!”

“Macabro quienes creen que la muerte lo es”, repuso el alquimista. Azuzó: “Vamos, ponte a tallarla mientras te narro la siguiente historia:

Un buen hombre, disgustado con su esposa porque al llegar a casa esa tarde no encontró la cena hecha, decidió irse a beber a la taberna del pueblo, luego de haberle reclamado con enojo a su mujer. Por el camino se le apareció la muerte.

Asustado le preguntó qué quería. Ella le respondió que lo visitaría a la medianoche y desapareció.

El hombre calculó que le quedaban menos de cinco horas de vida. Regresó  de inmediato a su casa, disculpándose con su mujer la besó diciéndole cuánto la amaba y admiraba su lealtad. Después llamó a sus hijos y abrazándolos les manifestó todo el cariño que sentía por ellos… Esa noche cenaron todos en paz. Aunque el hombre no contó de la visita que recibiría a medianoche puso en orden todos sus asuntos y dio instrucciones al respecto a su esposa. Esa noche los dos se amaron como cuando eran novios.

Faltando diez minutos para las doce el hombre se levantó de la cama tratando de no despertar a su esposa. Decidió esperar a la Parca en el jardín de su casa.

La noche era hermosa, estrellada. Respiró profundo y se acostó sobre la grama para mirar por última vez a las estrellas. Escuchó el croar de las ranas y de los grillos, cerró sus párpados y sintió la caricia del viento en su cara. Reflexionó sobre lo bello que era el mundo. Agradeció a Dios por el tiempo que le permitió vivir, por la salud, por la libertad, por el amor, por el trabajo, por su prosperidad y por la familia que le concedió.

Mientras acariciaba a su fiel perro, la Muerte se le apareció.

Miró su reloj, eran las doce en punto. Bueno ya puedes llevarme, le dijo el hombre.

Ella, después de un prolongado silencio, le susurró con tenebrosa voz: ¿Quién dijo que venía por ti? Todavía no ha llegado tu hora. Nada más quería visitarte para que me conocieras y tomaras conciencia de mi existencia. Pues nunca sabrás cuándo te daré mi abrazo fatal, porque a ningún ser vivo se lo advierto. Tómalo como mi regalo, porque has sido bueno, justo y generoso, para que así aprecies más tu vida, tu tiempo y vivas mejor.

Casi todos los hombres se creen inmortales, continuó diciendo la Muerte, hasta que me conocen, cuando ya es demasiado tarde. Si sólo recordaran que siempre estoy a sus espaldas, a un brazo de distancia y que en cualquier momento los pudo tocar, vivirían cada instante de sus vidas como si fuese el último.

Al terminar de decir esto la Muerte se hizo invisible, pero él sentía que seguía a su lado.

Nunca sabremos cuándo viviremos el último minuto, entonces, si cada minuto puede ser el último, ¿por qué gastarlo en discusiones poco importantes a fin de cuentas o preocupaciones, conflictos, celos, iras, envidias, quejas y reclamos? Mejor vivir ese instante amando, en armonía, sintiendo, serenos, disfrutando de las pequeñas y grandes cosas que nos brinda la vida en paz con uno mismo y con los demás, viviendo cada minuto como si fuera el último, con excelencia.

La muerte es nuestra compañera inseparable, tenla siempre presente”, aconsejó el alquimista.

“¿Y qué me puedes decir sobre la vida?” preguntó el hombre.

“Primero regresemos a casa. Pero antes pásame otro sándwich de atún”, dijo el viejo señalando la canasta de picnic que habían llevado para el almuerzo campestre.

“¿Y ahora qué hago con la calavera?” La mostró orgulloso tal cual escultor muestra su obra.

“Entiérrala. Escoge un viejo árbol de tu agrado y sepúltala a su lado”, respondió el alquimista levantando sus hombros sin concederle importancia.

“¿Eso es todo?” Replicó desconcertado el hombre.

“¿Por qué será que ustedes los mortales clasifican los actos de la vida entre importantes e insignificantes, cuando todos los actos son importantes y a la vez ninguno lo es?”



 

LA VIDA



El alquimista observaba con atención los movimientos que realizaba su discípulo mientras conducía la camioneta por la carretera de regreso a la ciudad.

El hombre se percató y no resistiendo la curiosidad le preguntó: “¿Sabes conducir?”

“No”. Fue lo único que obtuvo por respuesta del viejo barbado.

“¡Vaya, por fin descubro algo sobre lo que no sabes!” Sonrió.

El alquimista restándole importancia al comentario dijo: “El ser viviente es como un automóvil en marcha. Así es. La carrocería es el cuerpo, el motor es la mente y el conductor es el espíritu. El morir es como cuando el conductor abandona el auto, dejando sólo una masa inerte de chatarra.”

“Eso es lo que llamo filosofía de taller”, replicó el hombre tratado de hacerse el gracioso.

Pero el maestro de alquimia sin siquiera mirarlo afirmó con seriedad: “La naturaleza y el aire libre te ponen de buen humor. Debes dar paseos por el campo con más frecuencia.”

“Me dijo que me hablaría sobre la vida…”

“¿Qué quieres oír? Sobre la vida hay tanto y tan poco qué decir: La vida es para vivirla y no para hablar de ella”. Hizo una pausa, miró el paisaje por la ventanilla y continuó: “Sin embargo he visto que muchos hombres y mujeres le hacen resistencia a la vida.”

“¿Resistencia?”

“La vida es un constante movimiento, un fluir que nunca se detiene. Mira mis manos…” Levantó sus dos brazos frente a él. “Imagina que tú eres el brazo izquierdo y la Vida el derecho”. Sujetando con la mano derecha la mano izquierda empuñada, las movió unidas de arriba abajo, hacia los lados y en círculos, mientras continuó diciendo: “La Vida se mueve, nunca deja de hacerlo, es movimiento perpetuo. Y tú estás sujeto a ella, por lo tanto sólo tienes tres opciones: dejarte llevar por ella, hacerle resistencia oponiéndote a su movimiento”, tensionó el brazo izquierdo, “o colaborarle”.

Siguió moviendo ambos brazos unidos con las manos. “Dejarte llevar es una opción facilista, pero corres el riesgo de retardar tu evolución, tu aprendizaje, sufriendo más de lo necesario. Pero oponerte, resistírsele es inútil y tonto, pues nunca se le gana y en cambio te desgastas. La mejor opción es colaborarle, ir al ritmo de su movimiento: Subir cuando hay que ascender y bajar con ella también para no tropezar, a sabiendas que las bajadas son inevitables en tu camino”.

“Creo entender”, dijo el hombre. “Uno se resiste cuando quiere forzar los acontecimientos y lucha contra las cosas fortuitas del destino. Así mismo si colaboramos, es decir, ayudamos a que todo salga como la Vida quiere, sobrepasaremos más rápido los obstáculos moviéndonos con ella a su ritmo”.

El alquimista afirmó con su cabeza.

El hombre continuó: “Claro. Esto me acuerda de aquella vez que perdí mi primer empleo, sentí que era el fin del mundo, pero pocos meses después obtuve uno más afín a mis talentos y mejor remunerado. En aquella ocasión no me entregué a la pena ante la aparente trágica situación, tuve fe en la Vida. Es más, me tomé esos días de asueto. Luego, sin mucho esfuerzo apareció el nuevo empleo. No me resistí a la Vida, le colaboré y salté esa valla en mi camino sin caerme”.

Llegaron a la casa al anochecer. Guardó la camioneta en el garaje.

“Alquimista, aunque poco me ha contado de su vida, quisiera… eh, me gustaría…”

“Saber más sobre mí”, terminó la frase el maestro.

El hombre le sonrió nerviosamente con un gesto afirmativo.

“No es mucho lo que puedo contar de mis poco más de trescientos años”, exclamó con un dejo de sarcasmo. Continuó: “Practiqué en mi juventud el arte quimérico de la transmutación de los metales y de las sustancias de la tierra, desde entonces me llaman alquimista. Pero un buen día descubrí que la verdadera alquimia consistía en el arte del buen vivir. Así de simple. Luego, un agradecido discípulo, a quien yo le preparaba sus pinturas y colores que con virtuosismo excepcional plasmaba belleza con sus pinceles en telas y lienzos, decidió inmortalizarme… Y aquí estoy, en tu casa, porque el destino así lo dispuso”.

“¿Y por qué decidió enseñarme…?” preguntó el hombre.

“Nada decidí enseñarte. Un hombre sólo se enseña a sí mismo. Otro hombre es como una lámpara que alumbra su camino. He conocido a muchos seres y de todos he aprendido algo. Es este el secreto de los hombres sabios.

Vas bien por tu camino a oriente, así tenía que ser. La hora ha llegado, dejarás de ser el guerrero para alcanzar un nivel más alto, en pos de tu misión. Te convertirás en un maestro guerrero, poderoso e invencible. Estás entre los elegidos.”

Al decir esto desapareció.

El hombre miró hacia el cuadro. Allí estaba el alquimista en su posición original: inclinado, leyendo un grueso libro sobre la mesa de trabajo, sobre la que había papeles, pergaminos y una botella que contenía un misterioso líquido rojo. A sus pies un dormido gato negro con el cuello blanco.

Ciertamente era una excelente serigrafía de esa magnífica pintura del siglo XVII y sin lugar a dudas un retrato mágico*.



FIN



(*) NOTA DEL AUTOR: Realmente el cuadro “El Alquimista” existe. Es un hermoso óleo sobre tela pintado por las manos del extraordinario artista David Ryckaert, nombrado director de la academia de Amberes en 1651. En la actualidad su cuadro pertenece a la colección de arte que se encuentra en el Castillo Sforzesco de Milán, Italia.



CAMINO A ORIENTE
Un encuentro con la plenitud

©1998, Abel Carvajal. ©2013, edición revisada y corregida por el autor. Reservados todos los derechos de autor en todas las lenguas. Ilustraciones y diseño para la presente edición por el autor. mateolevi@gmail.com


*****


Si desea leer, obsequiar o descargar el libro completo CAMINO A ORIENTE, está disponible en archivo pdf, gratis, en: http://sites.google.com/site/mateolevi/libros-en-pdf


miércoles, 12 de noviembre de 2014

CAMINO A ORIENTE (IV): El Perdón, La Fe y El Ego



EL PERDÓN



Eran las seis y diez, no requería del despertador para levantarse temprano en las mañanas. Su conciencia se encendía a esa hora más o menos. Dormía bien, unas siete u ocho horas.

Bajó a la cocina, se tomó dos vasos de agua al clima y salió al jardín en ropa interior, como acostumbraba dormir. Calentó y estiró sus músculos, tomó aire profundamente e inició sus ejercicios de equilibrio y armonía. Ejercicios caracterizados por movimientos suaves y lentos, para centrar la energía tal y como un chamán mexicano se los había enseñado, imitación de animales, de actividades o juegos de los niños y de los mayores. Él les había adicionado otros más. En China practican una gimnasia similar denominada Tai chi.

Cuarenta y cinco minutos después estaba duchándose.

Desayunó.

Continuó la lectura del pergamino en el jardín.

“Perdonar, palabra que los hombres repiten hasta en las oraciones pero en la que no creen, ni siquiera la aceptan. Muchas veces ponen el orgullo por sobre el perdón. Algunos hasta afirman que perdonar es mostrar debilidad. ¡Oh, cuán ignorantes son quienes así piensan! No saben qué tan poderoso es el perdón y cuán poderoso hace al hombre que perdona. Cada vez que un hombre perdona en la Tierra abre una puerta en el Cielo. Cuando el ofendido perdona a su agresor, éste ya está vencido.

El perdón es de origen Divino, pero es que le hombre también lo es, por eso lo puede y lo debe dar. El verdadero perdón procede del amor y por tanto se encuentra en el corazón, se da sin razón en generoso sentimiento.

El hombre que perdona es grande ante él mismo, ante los otros hombres y ante Dios. Es sabio porque conoce su poder, es poderoso porque lo posee e invencible porque se conquista a sí mismo.

El perdón no se obliga, se siente y se da como una hermosa flor que se obsequia con amor al enemigo. El perdón no requiere de palabras, sólo de intención. No exige explicación, sometimiento ni condición. Del perdón todos somos merecedores, a ningún ser le debe ser negado.

Mientras más difícil se haga perdonar más necesario es el darlo. Mientras más grande sea la ofensa más se engrandece el que perdona. El que perdona perdura. El que perdona será recordado porque su perdón no muere con él, ya que es parte de su espíritu, que es eterno.

Con su muerte, un gran maestro lo enseñó a los hombres. Con palabras lo inculcó y con su cuerpo lo ejemplificó, mas son muchos los que todavía no lo comprenden. El perdón es un poder de los hombres que viene de Dios, es un poder que Dios obsequió a los hombres…”

Envolvió el pergamino. Subió hasta el segundo piso de la casa, allí encontró al alquimista y le dijo: “Tengo deseos de llorar y no sé bien por qué.”

El alquimista replicó: “Más bien no tienes la explicación del porqué pero sí lo sabes en tu corazón. No importa. Llora, que las lágrimas lavan el alma. El arrepentimiento es parte del perdón, es el grito del corazón, déjalo salir. No leas más por hoy, mañana conocerás el Tercer Poder.”

Y el hombre lloró.





LA FE



“La Fe, el Tercer Poder, que junto con los otros dos: el Amor y el Perdón, forman el Triángulo Divino. Los tres poderes que el Ser Supremo dio a sus hijos en la Tierra.

Pero muchos han distorsionado el verdadero significado de la fe, haciéndola sinónimo de creencia religiosa y no es así. Fe es creer sin dudar, tener convencimiento absoluto de lo que sucederá. Es una fuerza que no se ve, sólo se siente, que no se entiende, sólo se acepta y que al igual que el perdón y el amor, procede del corazón no de la mente.

El Hijo del Carpintero dijo: Pide con fe y se te dará. Esa sabia frase no es una simple recomendación, es una verdad porque es Ley Universal. También dijo: Les aseguro que el que diga a este cerro: Levántate de ahí  y tírate al mar, y no dude en su corazón, sino que crea que sucederá lo que dice, logrará lo que pide. Por eso les digo: todo lo que pidan en la oración, crean que ya lo han recibido y lo obtendrán.

Fe es creer sin dudar que se obtendrá, estar convencido que se hará… en el corazón. Es una fuerza que proviene del corazón, las palabras son el medio.

Todo ser tiene derecho a la fe, no importa su religión, basta con creer en el Poder, su poder, el que Dios le dio. Ninguna religión es dueña de la fe. El que cree se hace digno. Tampoco importa la raza, si se es hombre o mujer, si es viejo o niño. Todos tienen el Poder de la Fe, como poseen el Poder del Amor y el Poder del Perdón. Cada quien que los use si cree en su corazón.

Con fe el afligido encuentra el consuelo, con fe el problema se soluciona, con fe el enfermo sana, con fe el peligro pasa, con fe el mal es vencido y el enemigo derrotado. Con fe el hombre es invencible, sereno, libre, saludable y próspero. La fe es uno de los mayores regalos que el Creador obsequió a sus hijos. Muchos la desprecian, pero ese poder está ahí, dentro de cada corazón.

Seres humanos, privilegiados son. Poseen tres Poderes Supremos y aún lo ignoran, los esgrimen como el niño a sus juguetes, pero algún día la mente se les abrirá y cederá el trono al corazón. Ese día todo lo comprenderán, Hijos de Dios.”

Enrolló apresuradamente el pergamino y corrió hasta donde el alquimista.

“¿Quién escribió esto?”, preguntó agitado.

“Cálmate, no te afanes que bien te lo diré”, respondió con serenidad el viejo maestro. “Este pergamino que he colocado en tus manos no lo escribió ninguna mano humana…”

“¿Qué quieres decir?”, interpeló él.

“Del otro lado del sol vinieron unos seres hace mucho tiempo, a estudiar nuestra especie y…”

“¡Extraterrestres!”

“¡Qué palabra más fea! Pero, llámalos así”, sonrió el alquimista levantando sus hombros. Continuó: “Ellos consignaron en este pergamino sus conclusiones y algunas enseñanzas, confiándoselo luego a quien me inmortalizó. Decidieron que no debían intervenir en el desarrollo de nuestra civilización ni en la evolución del Hombre y se marcharon de vuelta a su mundo.”

“¿En naves intergalácticas?” preguntó él.

El alquimista soltó una carcajada y palmeándole la cabeza repuso: “Has visto demasiadas películas. Ellos son muchísimo más avanzados, ya superaron lo de las naves. Aquí todavía estamos en la primitiva etapa del manejo de la materia, ellos en cambio ya están en la del manejo de la energía y del tiempo. Pero eso no importa, el asunto es que quien me inmortalizó también decidió perpetuar a mi lado el pergamino, hacerlo accesible a la humanidad, por eso en mi morada está.”

Y diciendo esto, desapareció.

El hombre se miró las manos y descubrió que ya no tenía el rollo, se esfumó como por arte de magia. Miró hacia el cuadro y descubrió el pergamino allí, sobre la mesa de trabajo de su maestro, a su lado.

Pensó: “Por eso al iniciar la lectura, me pareció que estaba escrito en un lenguaje extraño, pero que misteriosamente entendí. Además el papel era raro, así como la tinta… ¿Será cierto todo esto o estaré soñando?”





EL  EGO



La tarde era bella a más no poder. El cielo celeste adornado con abollonadas nubes blancas como motas de algodón suspendidas en el aire. Ambos caminaban en silencio respirando el aire puro del campo en un paisaje digno de una pintura: un lago, árboles y arbustos con prolíferos follajes, trinar de pájaros y un viento acariciador.

“¡Cuánto desperdiciamos este mundo maravilloso!”, musitó el hombre. “Es un regalo de Dios tanta belleza. Cuando disfruto de paisajes como este, siempre le agradezco a la vida la oportunidad que me dio para poder hacerlo”. Miró al alquimista esperando réplica, pero nada, permanecía en silencio mirando perdidamente a la distancia.

Reanudó: “No entiendo por qué algunos no cuidan este maravilloso regalo. Lo destruyen, lo queman y lo contaminan con basura”. Observó de soslayo al alquimista quien estaba sumergido en mutismo impenetrable. Continuó su monólogo: “Es como una especie de resentimiento con el mundo. Son torpes e ignorantes…”

Abruptamente el alquimista se sentó dejando solitario a su compañero de caminata, quien tres pasos después se percató de que hablaba solo. Esto lo molestó y devolviéndose espetó: “¿Le incomodan mis palabras?” Esperó la respuesta, pero el viejo maestro actuaba como si el asunto no fuera con él. Irritándose agregó: “¿Desea que me vaya?”. Ni siquiera una mirada obtuvo de él. Su paciencia se colmó y lentamente empezó a alejarse murmurando: “Fue su idea la de venir a caminar por el campo. Si quería hacerlo solo me lo hubiera dicho. ¡Cuándo le plazca de regresar  en el carro estaré esperando!”.

El alquimista se llevó ambas manos a la boca y comenzó a gritar, o más bien a aullar como un lobo. El hombre, que ya le había dado la espalda, se asustó tanto con el aullido que resbaló cayendo de costado sobre las piedrecillas del camino, magullándose la piel del brazo izquierdo. Esto lo enojó aún más.

El alquimista no pudo contener la risa, aunque la verdad fue que no hizo el menor intento por contenerla. Rió a carcajadas.

El hombre estaba a punto de vociferar algo cuando el maestro, llevándose el índice derecho a los labios y la mano izquierda extendida a la oreja, le indicó que guardara silencio y escuchara.

Por unos instantes obedeció, pero recordando la burla gruñó: “¿Qué cosa se supone que debo escuchar?”

Muy serio el alquimista, señalando hacia los árboles de eucalipto, le susurró: “Escúchalos. Ellos también se están riendo de ti.” Volvió a reír, moviendo esta vez la cabeza de un lado a otro como si le pareciera increíble.

El hombre casi iracundo refunfuñó: “¡Qué va! Es el viento que mueve las ramas. ¿Me cree bobo?”

Más rió el alquimista. Parecía que se desternillaría de la risa.

El hombre optó por ignorarlo y empezó a silbar mirando hacia el lago. Esto le causó aún más gracia al viejo de barba gris, que durante varios minutos se revolcó sobre la grama con una risa incontenible. La que terminó por contagiar al hombre.

Rieron casi hasta llorar.

Después, recostados contra el tronco de un gran pino frente al lago, el alquimista dijo: “Mírate, todavía eres esclavo de tu ego. Todavía tu ego te hace creer que eres importante, que lo que dices y haces es merecedor de la atención de los demás. Y cuando no sucede así tu ego se molesta, se irrita con quien no te concedió importancia. Igual se fastidia tu ego ante la burla por tus torpezas o por la falta de admiración de los demás con tus proezas.

La mayoría de los mortales son así. Se creen libres y en realidad se han hecho esclavos de su ego. Cuando disputan y pelean entre sí es porque sus egos están heridos, porque no se les tuvo en cuenta, porque no se les hizo caso, porque no se les brindó atención, porque otro les ganó algo o hasta una discusión retórica. El ego no tolera simplezas como la falta de cortesía, un cuestionamiento o que le sirvan la comida fría. Y más curioso aún es que mientras más inteligente se cree un humano más inflado tiene su ego.

En verdad son estúpidos. Le han concedido el trono de su Ser a un rey que no existe, pues el ego es absolutamente nada, es una creación de la mente. Pienso, luego mi ego actúa en consecuencia. Para librarse de tan tirano rey simplemente no se debe pensar en los actos o comentarios de los demás.”

“¿Pero cómo vivir sin ego?” interpuso el hombre.

“¿Acaso naciste con ego? No. Te lo fabricaron primero tus padres, luego la sociedad y finalmente lo perfeccionaste tú. ¿Pero dónde está? ¿En tu cabeza, en tu corazón, en tu estómago, dónde? En ninguna parte, porque no existe, es sólo creación de tu poderosa mente. Una creación que ha hecho daño, mucho daño: guerras, divorcios, codicia, envidia, violencia, venganzas, traiciones y lo peor, infelicidad.”

En ese momento un simpático pato nadó frente a ellos sumergiendo la cabeza de cuando en cuando.

“Obsérvalo”, señaló al ave el alquimista. “¿Crees que tenga ego? ¿Será que lo necesita en su sencilla y feliz vida?”

El hombre reflexiono en silencio.

El viejo maestro se puso de pie y dijo: “Ven, te enseñaré la caminata del lobo”.



Camino a Oriente CONTINÚA... ¡en quince días la última entrega!



Si desea leer el libro completo CAMINO A ORIENTE está disponible en archivo pdf, para descarga gratis, en: http://sites.google.com/site/mateolevi/libros-en-pdf


miércoles, 29 de octubre de 2014

CAMINO A ORIENTE (III): La Felicidad, Los Tres Poderes y El Amor



LA FELICIDAD



“¡Cuántos humanos quisieran vivir como los delfines del océano que nadan, juegan, saltan y aman sin reglas ni restricciones! Sin tener que pensar en obligaciones, en dinero, en trabajar, en estudiar, en solucionar problemas, en aparentar ante otros, en cuidar sus posesiones materiales. ¿Acaso son los hombres más felices y libres que estos maravillosos cetáceos o que cualquier otro mamífero o ave de la Tierra? ¿Por qué otros seres de la Creación pueden ser felices mientras el Hombre, el heredero de Dios en la Tierra, anhela serlo sin lograrlo?”

Las palabras del antiguo pergamino eran contundentes. ¿De dónde lo habría sacado el alquimista? ¿Lo habría escrito él o también se lo habrían obsequiado? ¿Lo escrito aquí serviría realmente a los humanos?... Eran los cuestionamientos que deseaba plantearle al alquimista.

Prosiguió la lectura:

“La felicidad es un estado natural de armonía en el mundo, no es un concepto de la mente humana, por eso los seres con supuesta menor inteligencia, lo animales, lo logran desde su nacimiento, mientras los hombres pueden morir y nacer mil veces sin sentirla. Su mente los traiciona y los confunde. Creen que la felicidad es una explosión anímica, placer, emoción positiva al alcanzar las metas impuestas por su sociedad, por otros humanos o por sí mismos.

Se engañan pensando que el poseer dinero, salud, admiración, reconocimiento, poder o determinados bienes les dará felicidad. Se dicen a sí mismos: el día en que acumule tal cantidad de dinero seré feliz, el día en que tenga una casa como la he soñado seré feliz, el día en que me pueda retirar a vivir de una renta seré feliz, el día en que obtenga el auto que me gusta seré feliz, el día en que me cure de esta enfermedad seré feliz… Y ese día tal vez llegue o no. Si así sucede, tendrán una emoción jubilosa o una alegría que durará relativamente poco, pues al tiempo se cansarán o se olvidarán de lo anhelado y el objeto de su deseo para ser felices cambiará. Pero si nunca llega ese día serán infelices porque así se han programado.

Los hombres se aferran a una idea de felicidad que proviene de un concepto errado, lo llaman éxito.

El éxito no existe. Las metas no existen. Las posesiones no existen. La seguridad no existe… Todo es basura creada por la mente de los hombres. ¿Qué es el éxito para un colibrí? No sabe qué es el éxito y sin embargo siempre encuentra su alimento, el más delicioso manjar en el polen de las flores y el feliz. ¿Qué metas se traza una ballena? Ningún ser es de mayor tamaño que ella y vive sin metas, sin afanes, sin ambiciones, es feliz. ¿Qué bienes materiales posee el león? Ninguno, no obstante se le considera el rey de la selva y vive feliz. ¿Acaso existen las fronteras para las águilas, los halcones y los cóndores? Ciertamente no, y son felices. ¿Sabe una delicada flor que será cortada o pisoteada o que vivirá poco? No y pese a eso florece.

La mente de los hombres es la que ha creado una serie de conceptos que sólo les hacen la vida miserable. Y desgraciadamente mientras más avanza su civilización más difícil se les hace vivir. ¡Creen poder encontrar el paraíso en la Tierra, uno que han diseñado con su mente!

El éxito del hombre moderno no se mide igual que en la antigüedad. ¿O el habitante de una milenaria tribu centroamericana mediría su felicidad igual al ciudadano de hoy? ¿Las comodidades  por las que tanto lucha el hombre contemporáneo lo harán más feliz que a un antiguo maya?

Mientras más evoluciona la mente humana más perfecciona los conceptos creados por ella y por lo tanto menos asequibles los hace al común de la gente. Consecuencia: más infelicidad, más insatisfacción, más envidia, más y más pensamientos negativos. Y del pensamiento al acto sólo media la decisión. Aparecen así el robo, el homicidio, la guerra, el adulterio, la codicia, el desorden y la destrucción.

La desdicha del hombre crece en proporción a como lo hace su inteligencia, que no es otra cosa sino el engrandecimiento de su ego a través de su mente primitiva.

Pero no debe afligirse el humano pues aún está a tiempo, siempre lo estará, de corregir su sendero, para ser feliz toda su vida aquí en la Tierra y ahora.

Para alcanzar la dicha primero debe alcanzar tres cosas, sentirlas con su corazón. Tres que son una y una que son tres...”

Un lindo petirrojo se posó sobre su hombro derecho haciéndole perder la concentración en la lectura. Por un instante se miraron. La tierna y delicada mirada de ese par de diminutos ojos lo conmovió. Sintió que había establecido contacto con el espíritu de la avecilla, que reiniciando el vuelo se alejó.

Levantó la vista hacia el cielo, caía la tarde.

Empezaba a comprender que la Creación era una paradoja: su magnificencia sólo se puede entender a través de un corazón humilde y una mente sosegada, inocente y curiosa como la de un niño.





LOS TRES PODERES



Saludó con una espontánea sonrisa a las jóvenes recepcionistas del gimnasio, al que acostumbraba ir tres o cuatro veces por semana al caer la tarde. Aunque no era un idólatra del cuerpo sí se preocupaba por mantener una buena condición física. Creía firmemente en aquella máxima de “mente sana en cuerpo sano”.

Sin embargo él no veía la hora, aquella tarde, de concluir la sesión para regresar a su casa y continuar leyendo ese misterioso pergamino que el alquimista le había entregado.

Esa noche en el gimnasio se le acercaron tres chicas en diferentes ocasiones. Percibía que las atraía sin proponérselo, sentía que irradiaba cierto magnetismo, de algún modo una de ellas así se lo dio a entender. “Parece que la paz interior de la que gozo ahora se refleja al exterior y las mujeres tienen como una especie de radar para percibir este estado. Ellas ven más allá que el mero cuerpo, no son como nosotros los hombres, que sólo nos fijamos en lo físico”, reflexionó.

Para él, ahora, los idilios o relaciones fugaces basadas en pura atracción física o sexual ya no le interesaban. Quería una mujer, una compañera, un amor de verdad. Así que seguiría el dictado de su corazón, no el de sus emociones, pese a que la tentación era grande.

Cenó frugalmente y se acostó para seguir leyendo: “La plenitud de cada hombre se sostiene sobre tres pilares en los que ninguno es más ni menos importante que los otros dos. Pues si sólo posee uno o dos, la felicidad no se alcanza porque cada uno se conforma con elementos de los otros dos.

Los tres son inherentes al espíritu no a la razón o al pensamiento, mucho menos al cuerpo. Pues cuando el hombre cambia de vida muere físicamente pero los tres permanecen con él en su espíritu.

Los humanos fueron creados en su esencia con los tres pilares, que en realidad son tres poderes con lo que el Ser Supremo dotó a sus hijos. Pero muy pocos los aprecian y algunos ni siquiera creen que existen ni que los poseen. Porque son víctimas de su mente primitiva, de la denominada inteligencia, pues estos poderes, al no provenir de la razón sino del corazón, son encarcelados por el pensamiento, hechos prisioneros de la lógica, del materialismo y de un racionalismo torpe y ciego. Son víctimas del ostracismo intelectual y de la burla temerosa a lo desconocido.

Pero dichosos los que por diversas circunstancias en sus vidas descubren uno, dos o los tres grandes poderes con que se construye la felicidad desde aquí, en la Tierra.

Dichosos quienes han sufrido porque de ese sufrimiento surge el descubrimiento. Pero más dichoso aún es aquel que sin sufrir los descubre, porque es un hombre de espíritu grande, un elegido y sin lugar a dudas se convertirá en un maestro.

Cuando lloren por el fracaso material por la pérdida de un ser querido, por el dolor del cuerpo, por la congoja del alma, por la amargura de la soledad, por la sensación de pobreza, por la confusión de la mente, por la traición sufrida, por la derrota ante el enemigo o por lo que consideren injusto o castigo, permitan que las llamas del dolor se consuman. Enfríen las cenizas con lágrimas, confíen en la Divina Providencia y dejen que renazca el espíritu de las húmedas cenizas, para conocer así los tres Poderes, los que los salvarán y los guiarán del caos y las tinieblas al orden y a la luz.

Afortunados quienes puedan entender todo esto, porque es difícil explicar con palabras de la mente lo que proviene del espíritu.

El espíritu renacerá con más fuerza si así lo quieren y tienen paciencia, sólo hay que dejar que suceda. Sintiendo, no pensando. Con el corazón, no con la mente. Él renacerá aquí en la Tierra, en cada vida corpórea actual, para cada quien en el momento más adecuado, como cada uno nació o encarnó en el instante justo. No lo busquen con afán, sólo estén atentos, con la lámpara de sus corazones encendida a recibirlo. Que el fuego de la mente no consuma el combustible de la lámpara, no sea que él llegue cuando se haya agotado…”

Apartó sus ojos del pergamino para pensar: “Esto se me parece a las bienaventuranzas de Jesús de Nazaret y a su parábola de las novias que esperaban en la noche la llegada de sus futuros esposos. ¿Tendrá algo qué ver?”

Continuó leyendo: “Cada humano es como una piedra preciosa en bruto que requiere ser tallada para darle belleza. Aquí en el mundo de la materia y del tiempo, el sufrimiento y el dolor así como el arrepentimiento o aquello que les aprieta el alma es el cincel que los talla. La mano es Divina y toma forma a través de la vida.

Dichoso quien ha descubierto el Poder del Amor, el Poder del Perdón y el Poder de la Fe. Los tres más grandes poderes de origen Divino que tienen los hombres. Tres que son uno y uno que son tres.

Tres Poderes que la civilización humana en su actual inmadurez, infante aún en el tiempo cósmico, trata a éstos como el niño que desprecia y destruye tres juguetes muy valiosos.”

Respirando profundamente ojeó el texto siguiente y decidió dejar su lectura para el siguiente día. Enrolló el pergamino y se durmió.





 EL AMOR



Al despertar recordó algunas escenas difusas del sueño que acababa tener. Meditó sobre su significado, pues sabía que la causa era el pergamino.

“¡Ya sé!”, dijo castañeando sus dedos: “Las religiones se rigen por símbolos a los que le cristianismo no es ajeno… Por supuesto, está claro como el agua. Los tres Poderes están representados por el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. El amor corresponde al Padre, pues fuimos creados por y con amor. El perdón está simbolizado en el Hijo, Él vino a perdonarnos, a perdonar nuestros pecados. Y el Espíritu Santo representa la Fe, el creer, lo intangible, lo invisible, el Poder como tal”.

Se levantó de su cama.

Bañado, afeitado y desayunado miró el reloj, calculó que todavía contaba con tiempo para proseguir con la lectura del pergamino, antes de visitar a un par de clientes de su empresa.

“El amor es un poderío, quien lo da es poderoso, más que quien lo recibe. Porque el que lo da lo recibirá en abundancia. Como reza la sentencia: Al que tiene mucho se le dará más y al que tiene poco se le quitará hasta lo que no tiene.

El amor todo lo puede, logra lo imposible y lo impensable. Quien lo da hace brillar su aura divina, es el mejor alimento para su espíritu y la mejor cura para su cuerpo. Pero también ocasiona confusión a la mente porque no proviene de ella sino del corazón.

Porque no es razonable, ni explicable, ni medible, ni cuantificable, es inefable. Sólo se siente, se percibe, se acepta o se da.

Amor parece haber de muchas clases mas en verdad sólo es uno, como un río con muchos brazos cuya agua es una. El amor es sentimiento, no emoción. El amor es un estado permanente del sentir interior mientras lo temporal nada más es emoción. El amor no se condiciona, de lo contrario no será amor.

El amor no se puede definir ni decir qué es, más fácil es decir qué no es. Como no se puede explicar a Dios, aunque Dios es amor, dos palabras que son lo mismo porque la esencia de una es la otra.

Quien encuentra amor, quien lo da, es poderoso.

Pocos hombres entienden qué es el amor. La mayoría jamás lo entenderá porque no es cuestión de pensar sino de sentir. El varón cree que amar es seducir y poseer: mientras más mujeres, mejor aún. Ignoran que el verdadero varón es el que ama a una y logra el amor de ella para toda su vida.

Amar no es enamorarse, ni encapricharse, ni apegarse, pues éstas son emociones vanas. Amar es desear lo mejor para el otro, estar feliz cuando él lo está, ser capaz de morir para que el otro viva. Amar es un estado de paz interior, es armonía. El amor no ocasiona sufrimiento, estos los causa un ego sometido a las emociones, a los pensamientos.

Quien es capaz de hacer, aceptar y sentir por los demás como por él mismo o como una madre por sus hijos, sabe qué es el amor.

El que escuche con el corazón a su corazón lo entenderá. Quien no, no podrá.”

Enrollando el pergamino se levantó de la silla y lentamente se dirigió hacia donde el alquimista: “Estoy decepcionado”, le dijo. “Es el mismo cuento de siempre esto del amor. Puro bla-bla-bla…”

El alquimista le respondió: “Porque escuchas con tu mente lo que no tiene explicación posible con palabras. No esperes que la lámpara te diga cómo es el camino, ella nada más lo ilumina, pero tú mismo deberás explorar y ver el camino, la lámpara no puede ver por ti. Abre tu corazón y cierra la mente, permite que tu percepción escuche mientras ensordece tu razón.”

El alquimista continuó después de una pausa mientras le puso su mano diestra sobre el hombro: “Pero todavía te falta leer los otros dos poderes. Concluye la lectura, no pienses.”




Camino a Oriente CONTINÚA... ¡ESPERE LA PRÓXIMA ENTREGA EN QUINCE DÍAS!



Si desea leer el libro completo CAMINO A ORIENTE está disponible en archivo pdf, para descarga gratis, en: http://sites.google.com/site/mateolevi/libros-en-pdf



miércoles, 15 de octubre de 2014

CAMINO A ORIENTE (II): La Ambición, Los Cuatro Elementos y La Sabiduría



LA AMBICIÓN



Ver  televisión había dejado de ser un vicio para él, ahora era el simple disfrute de un entretenimiento moderno, sin horario ni obsesión. Casualmente al cambiar de canal vio una agresiva disputa entre dos políticos candidatos al solio presidencial.

“¿Qué lleva a los hombres a esto?” se preguntó.

El alquimista lo escuchó. Decidió responderle, se incorporó de su mesa de trabajo y bajó hasta donde él. Le habló con apenas un susurro para no asustarlo:

“Aparentemente la ambición es la que mueve a los hombres a luchar por el poder, la fama o el dinero. Pero detrás de la ambición está el ego como el verdadero protagonista, que es lo mismo que la vanidad.

Los humanos que no han encontrado su camino creen que la plenitud se logra cuando se alcanza lo que se ha denominado éxito. Se les ha hecho creer que el rico es feliz, el poderoso feliz o el famoso es feliz, así digan  que se trata de realización personal. Pese a que intuyen y oyen decir que eso es basura no lo aceptan y malgastan su vida tras esa meta inexistente. Les pasa lo que a los atletas que participan en una carrera y corren porque ven a otros a su lado corriendo pero ninguno en realidad sabe dónde queda la meta. Todos están perdidos… y cansados. Y mientras más cansados menos dispuestos están a aceptar que la carrera no es ahí, es más, que no existe tal carrera.

Creen que con dinero, con montones de billetes, podrán adquirir bienes y servicios que los harán felices. Incluso sueñan despiertos pensando en la envidia que generarán entre sus amigos, compañeros, conocidos y demás, inflando así su ego. Vanidad ni más ni menos, que los insta a mantener la lucha por conseguirlo.

Igual entre quienes buscan poder o fama, sólo quieren satisfacer su ego, que los reconozcan como triunfadores, que digan de ellos que alcanzaron el éxito en la vida.

Al final de sus vidas, cuando ya es demasiado tarde, es cuando advierten que estaban engañados.

La ambición mantiene a sus víctimas en constante pelea con el mundo, con ellos mismos, como el león al acecho de una presa muy escurridiza. Les genera tensión, ansiedad y finalmente depresión cuando no la satisfacen. Es uno de los factores más perturbadores en la vida del individuo que se ha hecho esclavo de ella. La codicia es el caso más severo”.

“¡Vaya discurso!”, atinó a decir el hombre. Después de una breve reflexión preguntó: “¿Entonces nadie debe ambicionar nada?”

“Aunque sea difícil de aceptar, así es. Confórmate con lo que tienes y disfrútalo, no necesitas ni más ni menos de lo que la vida te da para ser feliz. El problema radica en que no dejan los humanos de compararse entre sí, lo que tienen y lo que no. Una envidia que muchas veces genera la codicia.

Pero no se debe caer en el extremo opuesto: el desinterés o el conformismo. Nada más hay que hacer lo que la naturaleza le dicta a cada uno. Que es muy diferente a lo que la mente dicta.

Los dictados de la mente ocasionan vida turbulenta, mientras que los del corazón dan una vida de sosiego.

Para que entiendas lo que acabo de decir no escuches a través del filtro analítico de y cuestionador de la mente, hazlo con el intuitivo corazón. El corazón es mejor consejero que la mente. Se equivoca ella muchas veces, pero él jamás. Lo que sucede es que no lo escuchamos bien sino que oímos lo que queremos oír”, dijo el alquimista.

“Entiendo”, repuso el hombre y agregó: “Por eso ya sabes quién dijo, hace casi dos mil años, que es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico entrar al Reino de los Cielos. Se refería, no al hecho de que poseer dinero fuese dañino, sino al motor que impulsaba a buscarlo y poseerlo. El Reino de los Cielos es también la felicidad, la plenitud del Hombre aquí en la Tierra, además de encontrarla en la otra vida. Pero la plenitud no se alcanza con codicia, envidia o ego inflado con dinero, poder o fama. Sólo llega cuando se está libre de esas pesadas cargas, ligero, despreocupado como un niño”, concluyó.

“¡Bravo!” aplaudió el alquimista. “Vas por el camino correcto a oriente.

Y para ser más claro en su mensaje, el Maestro dijo además que había que ser como un niño para entrar al Reino de los Cielos. Actúa y sé como un niño, así encontrarás la plenitud, que está aquí y ahora en ti.

El día en que los hombres se revelen contra ese esquema o programa que llaman Ambición mejorará  su sociedad y en consecuencia sus vidas. Estarán a un paso de hallar la plenitud, sentirán el éxtasis y estarán más cerca de la realización de la especie humana”.





LOS CUATRO ELEMENTOS



Como lo acostumbraba al medio día, el hombre realizaba una sesión de relajación, la que practicaba desde la adolescencia con un fin nada distinto al de revitalizar su cuerpo. Nadie le había enseñado, la naturaleza se lo pidió a través de la modorra que a esas horas lo invadía. Tanto así, que un día en que no hizo su “siesta-relajación”, luego, a la una de la tarde en plena reunión de trabajo se durmió frente a su jefe.

La naturaleza es sabia, por alguna razón entre el medio día y las tres de la tarde, los animales y los humanos entran en estado de letargo. Los mamíferos duermen, los pájaros dejan de cantar y las demás aves dejan de volar. Los humanos sienten la pesadez de sus párpados y muchos caen en un corto sueño, una siesta. Pareciera que cuando el sol está en su cénit hay que hacer un alto en la jornada, descansar, recargar la energía vital. Para quienes viven en el campo esto es más evidente que para los citadinos.

El método que él seguía era sencillo: acostado bocarriba, con los brazos y piernas extendidos, cerraba sus ojos, regulaba su ritmo respiratorio y dejaba vagar la mente hasta caer en un estado intermedio entre el sueño profundo y el sueño consciente. Comparaba aquello con flotar sobre el mar: si se sumergía caía en verdadero sueño, mientras más profundo buceara más profundo dormía. A los treinta minutos exactos, como programado, salía de ese delicioso trance. Apenas si sentía sus extremidades, su cuerpo le pesaba como piedra. Lentamente se movía hasta levantarse.

El alquimista lo observó y le dijo: “Haces muy buen manejo de tu energía, vivirás muchos años si de muerte natural has de irte de esta vida. Si todos los hombres y mujeres administraran mejor su energía vital, serían más saludables física y mentalmente. Muchos creen que tienen una fuente propia inagotable cuando el Hombre mismo no ha podido descubrir una que lo sea”.

“Tenemos algo así como una batería que requiere recargue continuo, ¿cierto?”

“Correcto”, respondió el alquimista. “Se recarga cuando la actividad física consciente se anula y cuando las ondas cerebrales se disminuyen a niveles mínimos. Esto se logra a través del sueño, de la relajación o de la meditación”.

“Bueno, eso lo sabe casi todo el mundo”, dijo el hombre.

“Sí. Pero lo que muchos ignoran es que se regula por medio de la respiración, a través del elemento aire”.

“¿El elemento aire?”

“Así es, todos los elementos nos dan su energía: tierra, aire, fuego y agua. ¿No crees?

El elemento aire es tan vital que bastan tres minutos sin éste para desfallecer. Con la respiración regulas su entrada y salida, su fluir por el cuerpo. Tu energía vital depende del aire.

Realiza el siguiente ejercicio: acostado relajadamente bocarriba toma y bota el aire de manera rápida y profunda por diez minutos. Eso se llama hiperventilación prolongada. Al cabo de un rato sentirás como una comezón inicial en tu cuerpo, que se transformará en cosquillas, que sentirás en algunas partes específicas y es posible que sientas hasta extrañas sensaciones. Es porque estás moviendo energía.

Pero sólo hazlo una vez para que descubras tu energía, pues puede ser peligroso, las sobrecargas lo son. Más bien, con frecuencia toma conciencia de tu propia respiración y llena tus pulmones de aire”.

Hizo una pausa el alquimista y prosiguió: “El elemento tierra. Es claro que su principal fuente de energía la tomamos en forma de alimento que directa o indirectamente proviene de ella. Pero también existen otras formas. Recuerda el bienestar que sientes en medio de un bosque, en la cumbre de una montaña o bajo la sombra de un árbol.

Haz el siguiente ejercicio: con los pies desnudos, camina sobre la grama de un jardín, luego pon tus manos sobre el tronco de un árbol, cierra tus ojos, apaga tu mente y siente el cosquilleo del árbol entre tus manos y la corteza, es energía. Realízalo con frecuencia, mejor en las mañanas, armonízate con la Tierra.

El máximo símbolo, el mayor poderío del elemento fuego se ve en el astro rey, el sol. Sobra decir cuánta energía nos da, sin él no existiría la vida tal y como la conocemos en este planeta.

Practica este otro ejercicio: en las mañanas también, párate frente al sol, cierra los ojos y balancea tu cabeza suavemente de un lado a otro como un péndulo invertido… Siente cómo, por tres minutos, sus rayos te alimentan, te energizan. Abre los ojos por unos segundos de manera regular pero sin mirarlo directamente, él exige respeto, mira más bien las nubes cercanas. Su energía es tan fuerte que te enceguecerá si lo miras directamente. Tal vez sientas un cosquilleo en tu cabeza e inevitables deseos de estornudar, su energía te ha penetrado. Te aseguro que tu salud se robustecerá.

El agua…”

“¡Mi elemento favorito!”, interrumpió el hombre.

“El agua, magnífico y misterioso elemento, el que abunda en este planeta pero del que el Hombre da cuenta sin misericordia. Tan importante es que cuatro de cada cinco partes del cuerpo humano se componen de agua. Todos sabemos lo revitalizador que es tomar un baño de agua, chapotear en un río o en un lago, sumergirse en el mar… La mar, porque es una madre. El agua significa limpieza, purificación, claridad. No en balde te bautizaron con agua”.

“¿Algún ejercicio en el agua?”, preguntó el hombre.

“Todo el que puedas en ella: nada, juega, bucea, practica deportes en y con ella. Disfrútala. Toma conciencia de su energía cuando la tomes, nades y hasta de bañes… Te recomiendo tomar dos vasos de agua en ayunas, todos los días. Lavan y revitalizan tus órganos.

Siente los cuatro elementos, armoniza tu cuerpo con ellos y encontrarás equilibrio con el Cosmos, con el Ser Supremo”.

El hombre se dispuso a partir pero el alquimista lo detuvo diciéndole: “Tengo algo para ti”. Fue hasta su mesa de trabajo, tomó un rollo de papel y se lo entregó.

El hombre empezó a desenrollarlo pero el alquimista levantando su mano diestra le indicó que no lo hiciera: “Sal de la casa al jardín y allí lo leerás, con serenidad”





LA SABIDURÍA



Se sentó cómodamente sobre una mecedora de mimbre en el pequeño y bien cuidado jardín de su casa. Observó detenidamente el pergamino enrollado que le había dado el alquimista, parecía antiguo en verdad. Empezó a desenrollarlo. Un rollo largo, manuscrito con bella caligrafía en tinta negra.

El texto estaba escrito en una lengua desconocida para él. Sin embargo al comenzar a leer el primer párrafo descubrió que misteriosamente lo entendió:

“Desde el comienzo de la humanidad los hombres han buscado la razón de su existir, de comprobar su origen divino y por ende de encontrar a Dios”

Buscó quién era el autor de estas palabras escritas quién sabe hace cuánto tiempo, pero ni al final ni al inicio se hallaba nombre o firma alguna.

Continuó leyendo:

“A través de la religión, de la filosofía y de la ciencia han tratado de darse explicaciones, pero en todas siempre queda la duda. Ninguna certeza absoluta. Porque la mayoría de los humanos sólo creen en lo que ven, en lo que su mente puede explicar, pese a que algunos milagros o fenómenos inexplicables se dan de cuando en cuando. Adjudicándole a la casualidad más de lo que es. Palabra inventada por el Hombre para explicar  lo que no comprende, pues es fácil culpar al azar de lo que no tiene razón de ser, de acuerdo con la lógica.

Cuando no se entiende se niega la existencia del ser o cosa incomprendida. A tal punto han llegado algunos que niegan la existencia del Ser Supremo que lo rige todo, porque en su razón no cabe el quién, el cómo y el cuándo de la Creación y administración del inconmensurable Cosmos.

La negación es el miedo. No creer en lo que no tiene una explicación o justificación lógica es sólo temor a no entender lo que sucede alrededor, a no comprender el mundo, el universo y sus leyes. Temen muchos humanos en el fondo perder el supuesto control de sus vidas, a aceptar lo ínfimo y primitivo que es el Hombre.

Es como si a un ciego de nacimiento se le tratara de explicar cómo son las nubes del cielo y sus colores, y que al no lograr entender optara por negar la existencia de algo que le dicen es tan maravilloso. Prefiriendo no creer a aceptar lo que no ve o comprende. Pensaría la razón de este ciego: “si no es entendible para mí es porque no existe, es mentira o invento de los demás…” Aunque puede tratar de aproximarse al concepto del color a través de los demás sentidos en objetos más cercanos y palpables, le será muy difícil entender con la razón cómo es el cielo, su color celeste y las nubes.

Lo que existe se puede negar pero no por eso dejará d existir, téngase o no explicación del por qué y para qué.

No se deben buscar respuestas para todo en el Cosmos, porque no todo fue creado para entenderse sino porque tiene que estar ahí. ¿Para qué existe una rosa? Para dar belleza al mundo, respondería alguien. Pero, ¿quién puede asegurarlo, si la belleza es subjetiva o un simple concepto humano? Si las rosas existieran y los hombres no, entonces ¿para qué existiría una rosa? ¿Dejaría de existir?

De qué les sirve a los humanos comprenderlo todo. Acaso para reafirmar su creencia de que es la especie más inteligente del universo.

Si lo dudan es porque lo temen, si lo temen es porque lo intuyen, si lo intuyen es porque lo sienten, si lo sienten es porque son lo que temen. No son la especie más inteligente de la Creación, ni siquiera los más importantes. La humanidad puede desaparecer completamente en un instante y el universo ni cuenta se daría, sería como un grano de arena menos en el desierto. Un golpe irresistible para el ego, difícil para el Hombre aceptar que no es lo máximo ni lo supremo en el Cosmos. Nada más es una parte de él, una muy pequeñísima parte. Quien lo acepte será humilde.

La humildad de pensamiento es condición infaltable para alcanzar la sabiduría, el gran conocimiento. Éste no se adquiere con la mente sino con el corazón. No con la razón sino con la percepción. La primera es de origen humano, la segunda proviene del Ser.

Cuando los hombres apaguen su mente y enciendan la llama Divina de su corazón entenderán todo. Comprenderán que no hay que entender sino sentir. La verdadera sabiduría no consiste en comprender sino en saber aprovechar lo mucho que existe alrededor. No es más sabio quien más conoce y entiende sino el que más disfruta del mundo, de la vida. La verdadera inteligencia no consiste en saber más sino en vivir mejor.

¿Cuál especie es más sabia: los delfines del mar que viven en armonía con la naturaleza en su elemento, o los hombres que viven sujetos a normas, leyes y obligaciones impuestas por ellos mismos, haciendo la vida de su especie conflictiva y caótica? Ambas especies poseen gran inteligencia lenguaje propio y son mamíferos… Pero los delfines se limitaron a disfrutar del mundo a través de su naturaleza, a sentir que el mundo fue un obsequio Divino. Mientras, los humanos quisieron someter la naturaleza primero y luego a los mismos hombres bajo la justificación de que su inteligencia les dio ese derecho. Se sintieron los reyes de la Creación, o peor, los dueños. Se engañaron con lo que denominan civilización y progreso, consecuencia de su sobrestimada ciencia y sabiduría, no obstante su primitivo raciocinio”.

Él estaba estupefacto y todavía le faltaba mucho por leer. Buscó el título de este antiguo manuscrito pero tampoco lo encontró.

“¿Quién escribiría esto?”, se preguntaba. “¿De qué se trata realmente?”. Y el alquimista no aparecía.



Camino a Oriente CONTINÚA... ¡ESPERE LA PRÓXIMA ENTREGA EN QUINCE DÍAS!


Si desea leer el libro completo CAMINO A ORIENTE está disponible en archivo pdf, para descarga gratis, en: http://sites.google.com/site/mateolevi/libros-en-pdf