Libros de Abel Carvajal

©Abel Carvajal. Derechos de autor reservados.

(*)No es necesario ningún dispositivo Kindle. Descarga allí una de las apps de Kindle gratuitas para comenzar a leer libros Kindle en tu smartphone, tablet o computador.


miércoles, 29 de octubre de 2014

CAMINO A ORIENTE (III): La Felicidad, Los Tres Poderes y El Amor



LA FELICIDAD



“¡Cuántos humanos quisieran vivir como los delfines del océano que nadan, juegan, saltan y aman sin reglas ni restricciones! Sin tener que pensar en obligaciones, en dinero, en trabajar, en estudiar, en solucionar problemas, en aparentar ante otros, en cuidar sus posesiones materiales. ¿Acaso son los hombres más felices y libres que estos maravillosos cetáceos o que cualquier otro mamífero o ave de la Tierra? ¿Por qué otros seres de la Creación pueden ser felices mientras el Hombre, el heredero de Dios en la Tierra, anhela serlo sin lograrlo?”

Las palabras del antiguo pergamino eran contundentes. ¿De dónde lo habría sacado el alquimista? ¿Lo habría escrito él o también se lo habrían obsequiado? ¿Lo escrito aquí serviría realmente a los humanos?... Eran los cuestionamientos que deseaba plantearle al alquimista.

Prosiguió la lectura:

“La felicidad es un estado natural de armonía en el mundo, no es un concepto de la mente humana, por eso los seres con supuesta menor inteligencia, lo animales, lo logran desde su nacimiento, mientras los hombres pueden morir y nacer mil veces sin sentirla. Su mente los traiciona y los confunde. Creen que la felicidad es una explosión anímica, placer, emoción positiva al alcanzar las metas impuestas por su sociedad, por otros humanos o por sí mismos.

Se engañan pensando que el poseer dinero, salud, admiración, reconocimiento, poder o determinados bienes les dará felicidad. Se dicen a sí mismos: el día en que acumule tal cantidad de dinero seré feliz, el día en que tenga una casa como la he soñado seré feliz, el día en que me pueda retirar a vivir de una renta seré feliz, el día en que obtenga el auto que me gusta seré feliz, el día en que me cure de esta enfermedad seré feliz… Y ese día tal vez llegue o no. Si así sucede, tendrán una emoción jubilosa o una alegría que durará relativamente poco, pues al tiempo se cansarán o se olvidarán de lo anhelado y el objeto de su deseo para ser felices cambiará. Pero si nunca llega ese día serán infelices porque así se han programado.

Los hombres se aferran a una idea de felicidad que proviene de un concepto errado, lo llaman éxito.

El éxito no existe. Las metas no existen. Las posesiones no existen. La seguridad no existe… Todo es basura creada por la mente de los hombres. ¿Qué es el éxito para un colibrí? No sabe qué es el éxito y sin embargo siempre encuentra su alimento, el más delicioso manjar en el polen de las flores y el feliz. ¿Qué metas se traza una ballena? Ningún ser es de mayor tamaño que ella y vive sin metas, sin afanes, sin ambiciones, es feliz. ¿Qué bienes materiales posee el león? Ninguno, no obstante se le considera el rey de la selva y vive feliz. ¿Acaso existen las fronteras para las águilas, los halcones y los cóndores? Ciertamente no, y son felices. ¿Sabe una delicada flor que será cortada o pisoteada o que vivirá poco? No y pese a eso florece.

La mente de los hombres es la que ha creado una serie de conceptos que sólo les hacen la vida miserable. Y desgraciadamente mientras más avanza su civilización más difícil se les hace vivir. ¡Creen poder encontrar el paraíso en la Tierra, uno que han diseñado con su mente!

El éxito del hombre moderno no se mide igual que en la antigüedad. ¿O el habitante de una milenaria tribu centroamericana mediría su felicidad igual al ciudadano de hoy? ¿Las comodidades  por las que tanto lucha el hombre contemporáneo lo harán más feliz que a un antiguo maya?

Mientras más evoluciona la mente humana más perfecciona los conceptos creados por ella y por lo tanto menos asequibles los hace al común de la gente. Consecuencia: más infelicidad, más insatisfacción, más envidia, más y más pensamientos negativos. Y del pensamiento al acto sólo media la decisión. Aparecen así el robo, el homicidio, la guerra, el adulterio, la codicia, el desorden y la destrucción.

La desdicha del hombre crece en proporción a como lo hace su inteligencia, que no es otra cosa sino el engrandecimiento de su ego a través de su mente primitiva.

Pero no debe afligirse el humano pues aún está a tiempo, siempre lo estará, de corregir su sendero, para ser feliz toda su vida aquí en la Tierra y ahora.

Para alcanzar la dicha primero debe alcanzar tres cosas, sentirlas con su corazón. Tres que son una y una que son tres...”

Un lindo petirrojo se posó sobre su hombro derecho haciéndole perder la concentración en la lectura. Por un instante se miraron. La tierna y delicada mirada de ese par de diminutos ojos lo conmovió. Sintió que había establecido contacto con el espíritu de la avecilla, que reiniciando el vuelo se alejó.

Levantó la vista hacia el cielo, caía la tarde.

Empezaba a comprender que la Creación era una paradoja: su magnificencia sólo se puede entender a través de un corazón humilde y una mente sosegada, inocente y curiosa como la de un niño.





LOS TRES PODERES



Saludó con una espontánea sonrisa a las jóvenes recepcionistas del gimnasio, al que acostumbraba ir tres o cuatro veces por semana al caer la tarde. Aunque no era un idólatra del cuerpo sí se preocupaba por mantener una buena condición física. Creía firmemente en aquella máxima de “mente sana en cuerpo sano”.

Sin embargo él no veía la hora, aquella tarde, de concluir la sesión para regresar a su casa y continuar leyendo ese misterioso pergamino que el alquimista le había entregado.

Esa noche en el gimnasio se le acercaron tres chicas en diferentes ocasiones. Percibía que las atraía sin proponérselo, sentía que irradiaba cierto magnetismo, de algún modo una de ellas así se lo dio a entender. “Parece que la paz interior de la que gozo ahora se refleja al exterior y las mujeres tienen como una especie de radar para percibir este estado. Ellas ven más allá que el mero cuerpo, no son como nosotros los hombres, que sólo nos fijamos en lo físico”, reflexionó.

Para él, ahora, los idilios o relaciones fugaces basadas en pura atracción física o sexual ya no le interesaban. Quería una mujer, una compañera, un amor de verdad. Así que seguiría el dictado de su corazón, no el de sus emociones, pese a que la tentación era grande.

Cenó frugalmente y se acostó para seguir leyendo: “La plenitud de cada hombre se sostiene sobre tres pilares en los que ninguno es más ni menos importante que los otros dos. Pues si sólo posee uno o dos, la felicidad no se alcanza porque cada uno se conforma con elementos de los otros dos.

Los tres son inherentes al espíritu no a la razón o al pensamiento, mucho menos al cuerpo. Pues cuando el hombre cambia de vida muere físicamente pero los tres permanecen con él en su espíritu.

Los humanos fueron creados en su esencia con los tres pilares, que en realidad son tres poderes con lo que el Ser Supremo dotó a sus hijos. Pero muy pocos los aprecian y algunos ni siquiera creen que existen ni que los poseen. Porque son víctimas de su mente primitiva, de la denominada inteligencia, pues estos poderes, al no provenir de la razón sino del corazón, son encarcelados por el pensamiento, hechos prisioneros de la lógica, del materialismo y de un racionalismo torpe y ciego. Son víctimas del ostracismo intelectual y de la burla temerosa a lo desconocido.

Pero dichosos los que por diversas circunstancias en sus vidas descubren uno, dos o los tres grandes poderes con que se construye la felicidad desde aquí, en la Tierra.

Dichosos quienes han sufrido porque de ese sufrimiento surge el descubrimiento. Pero más dichoso aún es aquel que sin sufrir los descubre, porque es un hombre de espíritu grande, un elegido y sin lugar a dudas se convertirá en un maestro.

Cuando lloren por el fracaso material por la pérdida de un ser querido, por el dolor del cuerpo, por la congoja del alma, por la amargura de la soledad, por la sensación de pobreza, por la confusión de la mente, por la traición sufrida, por la derrota ante el enemigo o por lo que consideren injusto o castigo, permitan que las llamas del dolor se consuman. Enfríen las cenizas con lágrimas, confíen en la Divina Providencia y dejen que renazca el espíritu de las húmedas cenizas, para conocer así los tres Poderes, los que los salvarán y los guiarán del caos y las tinieblas al orden y a la luz.

Afortunados quienes puedan entender todo esto, porque es difícil explicar con palabras de la mente lo que proviene del espíritu.

El espíritu renacerá con más fuerza si así lo quieren y tienen paciencia, sólo hay que dejar que suceda. Sintiendo, no pensando. Con el corazón, no con la mente. Él renacerá aquí en la Tierra, en cada vida corpórea actual, para cada quien en el momento más adecuado, como cada uno nació o encarnó en el instante justo. No lo busquen con afán, sólo estén atentos, con la lámpara de sus corazones encendida a recibirlo. Que el fuego de la mente no consuma el combustible de la lámpara, no sea que él llegue cuando se haya agotado…”

Apartó sus ojos del pergamino para pensar: “Esto se me parece a las bienaventuranzas de Jesús de Nazaret y a su parábola de las novias que esperaban en la noche la llegada de sus futuros esposos. ¿Tendrá algo qué ver?”

Continuó leyendo: “Cada humano es como una piedra preciosa en bruto que requiere ser tallada para darle belleza. Aquí en el mundo de la materia y del tiempo, el sufrimiento y el dolor así como el arrepentimiento o aquello que les aprieta el alma es el cincel que los talla. La mano es Divina y toma forma a través de la vida.

Dichoso quien ha descubierto el Poder del Amor, el Poder del Perdón y el Poder de la Fe. Los tres más grandes poderes de origen Divino que tienen los hombres. Tres que son uno y uno que son tres.

Tres Poderes que la civilización humana en su actual inmadurez, infante aún en el tiempo cósmico, trata a éstos como el niño que desprecia y destruye tres juguetes muy valiosos.”

Respirando profundamente ojeó el texto siguiente y decidió dejar su lectura para el siguiente día. Enrolló el pergamino y se durmió.





 EL AMOR



Al despertar recordó algunas escenas difusas del sueño que acababa tener. Meditó sobre su significado, pues sabía que la causa era el pergamino.

“¡Ya sé!”, dijo castañeando sus dedos: “Las religiones se rigen por símbolos a los que le cristianismo no es ajeno… Por supuesto, está claro como el agua. Los tres Poderes están representados por el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. El amor corresponde al Padre, pues fuimos creados por y con amor. El perdón está simbolizado en el Hijo, Él vino a perdonarnos, a perdonar nuestros pecados. Y el Espíritu Santo representa la Fe, el creer, lo intangible, lo invisible, el Poder como tal”.

Se levantó de su cama.

Bañado, afeitado y desayunado miró el reloj, calculó que todavía contaba con tiempo para proseguir con la lectura del pergamino, antes de visitar a un par de clientes de su empresa.

“El amor es un poderío, quien lo da es poderoso, más que quien lo recibe. Porque el que lo da lo recibirá en abundancia. Como reza la sentencia: Al que tiene mucho se le dará más y al que tiene poco se le quitará hasta lo que no tiene.

El amor todo lo puede, logra lo imposible y lo impensable. Quien lo da hace brillar su aura divina, es el mejor alimento para su espíritu y la mejor cura para su cuerpo. Pero también ocasiona confusión a la mente porque no proviene de ella sino del corazón.

Porque no es razonable, ni explicable, ni medible, ni cuantificable, es inefable. Sólo se siente, se percibe, se acepta o se da.

Amor parece haber de muchas clases mas en verdad sólo es uno, como un río con muchos brazos cuya agua es una. El amor es sentimiento, no emoción. El amor es un estado permanente del sentir interior mientras lo temporal nada más es emoción. El amor no se condiciona, de lo contrario no será amor.

El amor no se puede definir ni decir qué es, más fácil es decir qué no es. Como no se puede explicar a Dios, aunque Dios es amor, dos palabras que son lo mismo porque la esencia de una es la otra.

Quien encuentra amor, quien lo da, es poderoso.

Pocos hombres entienden qué es el amor. La mayoría jamás lo entenderá porque no es cuestión de pensar sino de sentir. El varón cree que amar es seducir y poseer: mientras más mujeres, mejor aún. Ignoran que el verdadero varón es el que ama a una y logra el amor de ella para toda su vida.

Amar no es enamorarse, ni encapricharse, ni apegarse, pues éstas son emociones vanas. Amar es desear lo mejor para el otro, estar feliz cuando él lo está, ser capaz de morir para que el otro viva. Amar es un estado de paz interior, es armonía. El amor no ocasiona sufrimiento, estos los causa un ego sometido a las emociones, a los pensamientos.

Quien es capaz de hacer, aceptar y sentir por los demás como por él mismo o como una madre por sus hijos, sabe qué es el amor.

El que escuche con el corazón a su corazón lo entenderá. Quien no, no podrá.”

Enrollando el pergamino se levantó de la silla y lentamente se dirigió hacia donde el alquimista: “Estoy decepcionado”, le dijo. “Es el mismo cuento de siempre esto del amor. Puro bla-bla-bla…”

El alquimista le respondió: “Porque escuchas con tu mente lo que no tiene explicación posible con palabras. No esperes que la lámpara te diga cómo es el camino, ella nada más lo ilumina, pero tú mismo deberás explorar y ver el camino, la lámpara no puede ver por ti. Abre tu corazón y cierra la mente, permite que tu percepción escuche mientras ensordece tu razón.”

El alquimista continuó después de una pausa mientras le puso su mano diestra sobre el hombro: “Pero todavía te falta leer los otros dos poderes. Concluye la lectura, no pienses.”


Continúa...

Para leer el libro completo CAMINO A ORIENTE, un encuentro con la plenitud descarga la última edición en eBook o adquiere la edición impresa en Amazon (único vendedor autorizado):
https://www.amazon.com/CAMINO-ORIENTE-encuentro-plenitud-Spanish-ebook/dp/B00NB6F22Q/ref=sr_1_20?ie=UTF8&qid=1498151764&sr=8-20&keywords=Abel+Carvajal



No hay comentarios.: