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viernes, 9 de octubre de 2015

DE UN TIRO DE REVÓLVER (historia verídica inédita)

Relato exclusivo para este blog:


DE UN TIRO DE REVÓLVER

Por: Abel Carvajal

Derechos de autor liberados, obra de dominio público. Este relato puede reproducirse por cualquier medio incluso con fines comerciales, igualmente queda autorizada por el autor la traducción a otras lenguas y su publicación, pero siempre citando a su autor Abel Carvajal.




Don Abel Carvajal Múnera, nacido en 1883 en el municipio de Carolina del Príncipe, Departamento de Antioquia, República de Colombia, contrajo nupcias con doña Magdalena Botero en los inicios de los años 20. De éste, su segundo matrimonio, nacieron seis hijos y cinco hijas de las cuales solo tres alcanzaron la edad adulta: Lucila, María Aluvia y María del Amparo. Mientras que de los varones cinco sobrepasaron la mayoría de edad.

Abel Carvajal, negociante de profesión, de 1,66 metros de estatura, de cabellos canos y de ojos pardos claros, como describen sus señas personales su Tarjeta de Identidad Nro. 195 de la Unión Postal Universal (Union Postale Universelle), impresa en español y francés por la Administración de Correos de la República de Colombia, expedida en Carolina el 6 de febrero de 1933, murió en su casa de Carolina a mediados de 1950. Por lo que él, el tronco del árbol genealógico de mi familia paterna, todavía vivía en aquella época de la historia que usted, amable lector, concluirá al leer los siguientes documentos que escarbando hace poco entre las vetustas cajas que mi tía Lucila, ya con casi 93 años de edad, tenía guardada en los cajones de su armario.

Para facilitar su trabajo deductivo como lector, debo mencionar que don Abel enviudó prematuramente en 1935, pues doña Magdalena Botero murió de una peste de tifo durante lo que llamaban la dieta del parto de su hijo menor, mi recordado tío Petronio; quien quedando huérfano siendo apenas un bebé fue encargada su crianza a Lucila, la hermana mayor, así como la de sus demás hermanos, todos excepto uno menores que ella.

 Tarea que asumió con entrega y esmero pese a su extrema juventud. Por lo que sus hermanas y hermanos siempre la consideraron una segunda madre y, como apunte curioso, a la fecha en que esto escribo solo ella y Rafael, uno de sus hermanos menores, viven todavía como un par de fuertes robles. Longevidad que nos hace especular, a nosotros los sobrinos, que Lucila no morirá hasta que entierre al último de sus hermanos. Sí, Lucila al igual que Aluvia y Amparo nunca se casaron, solo tuvieron sobrinos, los hijos de sus hermanos.

Otro dato importante a tener en cuenta: Lucila Carvajal Botero nació en Carolina el 13 de septiembre de 1922.

Así pues esta encomiable labor de madre sustituta encargada por su padre don Abel, el que tal vez considerándose desafortunado por haber enviudado dos veces no se volvió a casar, influyó en la decisión que ella tomó. La que conduce al final de esta historia implícita en la siguiente correspondencia y recortes de prensa que transcribo igual a los originales (con solo correcciones a la ortografía), que anexo al final.

No sobra recordar al lector el conservadurismo social y tensa calma de la época en Colombia, mientras en Europa, norte de África y el Pacífico morían millones de personas por la cruenta Segunda Guerra Mundial.




CARTA MANUSCRITA

Porcecito enero 17/43

Señorita Doña
Lucila Carvajal
Carolina

Encantadora Lucila: Un sentimiento y de buena voluntad, ha sido capaz de imponerse al temor que para empezar la pte. me acompaña, temor basado en mi escasa preparación para semejante empeño, por ello me anticipo a pedirte mil perdones.
Empezaré por decirle que me he abstenido de volverla a llamar al teléfono, debido a que quizá no hago más que importunarla en sus ocupaciones; a esto deberé la pte. en la cual como dije antes no será más que mi buena voluntad, pues francamente le digo que me ha sido una tarea dificilísima; esto más me tendrá que abonar ¿verdad?
Luego de esto, voy a pedirle un favorcito pequeño y es el de que me diga la hora y los días en que puedo llamarla, en esta forma estimo que sería mejor, ya que así usted no tendría mayores inconvenientes, ni yo prescindiría de hacerlo por tal temor, a excepción de no estar presente.
Le diré que he tenido un pesar grandísimo por no haber podido ir en ninguna de las fiestas señaladas, aun para hoy tenía viaje y no me fue posible por el motivo de algunas ocupaciones, no obstante aquí no vivir más que mi persona, pues mi espíritu permanece a su lado y así

(Hoja 2):
         Su imagen me acompaña permanentemente en mi imaginación, sirviéndome de estímulo en las duras penas de la vida, haciéndome forjar ilusiones que nunca quisiera ver desmerecidas, por el contrario quisiera que día por día fueran mayores y más gratas, que tuviesen una base más sólida en que sustentarse; asunto éste que depende únicamente de Ud. pero es a quien corresponde alimentar tal ilusión. ¿Será Ud. tan gentil y tan amable? Si esto coincidiere, yo me sentiría el más feliz de los hombres, tan orgulloso de Ud. como nadie, visto el conjunto de cualidades tanto en lo moral como en lo físico, conjunto propio mínimamente de seres como Ud. en quienes la naturaleza gastó el empeño suficiente, a fin de distarla del ornato (propio) digno de un ser perpetuo.
          En medio de ésta mi cariño y afectuoso saludo.
                                              
                                      Daniel


  

 TARJETA MANUSCRITA

(Sobre):
         Señorita Doña
         Lucila Carvajal
         Carolina

(Tarjeta):
         Daniel Gil H.
         A la simpática y gentil Sta. Lucila Carvajal, se permite saludarla muy cordialmente y lamenta positivamente su calamidad doméstica.
         Carolina, 10/13/43




TARJETA CON EL NOMBRE IMPRESO EN LETRA CURSIVA

Daniel Gil H.

Y LUEGO MANUSCRITA

         Saluda a Ud. muy atentamente y le desea un feliz año nuevo.
(Sin fecha)




ACRÓSTICO ESCRITO A MÁQUINA (ortografía ídem)

“ACRÓSTICO COMPUESTO DEL NOMBRE de Lucila Carvajal Botero.
Luz de mi alma, que un día ilucionado de tu amor;
un momento de esos en que te vi por primera vez,
centí, un fuego que me despedazaba el corazón;
ique me atraía hacia ti, reina de todo mi ser.
la voz de tu bendita boca y de esas palabras y de esas palabras
al salir de esos labios purpurinos, esa tierna voz……
Centí que me atraían como el imán, con un canto misterioso,
alla en lontananza… o de lo, infinito de los cielos,
reina de mi corazón, tu serás mi gloria,
vajada de un manantial, que me ha de dar fuerza
ami cuerpo, para poderte contemplar a solas;
junto a mí y poderte decir cuanto te quiero…
angel de mi existencia y de mi vida,
luz de mi porvenir, que as de alumbrar mi camino
Boy ha demostrar lo mucho que te quiero,
o, divina flor, de esos jardines que arrullan el amor….
tierna rosa, de un rosal; rosado y entre ellas tú.
enrogecida, como por encanto, y de un color muy fino.
románticos pétalos…. Que no se han de marchitar
ocon el tiempo, como Dios lo manda.

Con esta termino estos ensueños quizá para dejarte un consuelo de mis dias de gozo y felicidad. Llevaré mi tristeza como un luto en mi pobre corazón….. mi dulce, mi encanto, si tu supieras cuanto te adoro…. AMOR MIO……”

(La carta está recortada aquí)





RECORTE SIN FECHA DE UN PERIÓDICO NO IDENTIFICADO[1]

DE UN TIRO DE REVÓLVER SE QUITÓ LA VIDA ANTIER EL SEÑOR DON DANIEL GIL
De un disparo de revólver puso fin ayer a sus días el señor Daniel Gil, jefe de la estación ferrocarrilera de Porcecito, puesto que venía desempeñando desde hacía varios meses.
Algunos detalles
Las informaciones obtenidas en la inspección de permanencia de esta ciudad, dicen que esta tragedia tuvo lugar a eso de la una de la madrugada de ayer, en la mencionada estación de la primera división del Ferrocarril de Antioquia.
Por causa que se ignora, pues el suicida no revelaba, hasta el jueves pasado, ninguna contrariedad, el señor Gil se hizo un disparo de revólver, quedando gravemente herido.
Muere en el hospital
Sin pérdida de tiempo, el jefe de dicha estación fue trasladado ayer a esta ciudad y recluido en el hospital San Vicente de Paul, en donde dejó de existir a eso de las nueve de la mañana, no obstante el cuidado dispensado por los médicos por salvar su vida.
Personas que viven en Porcecito dan a entender que el señor Gil tomó esta trágica desolución (ídem) de terminar con sus días posiblemente por algún problema que se presentó últimamente, quizá de carácter amoroso.



Ruego al Padre Celestial su perdón para don Daniel Gil, que Dios lo tenga en su Gloria.





[1] Por el hospital mencionado y la ciudad más cercana a Porcecito, debió tratarse de un diario de Medellín de mediados de los 40, tal vez EL COLOMBIANO.


 



 




NOTA: Todas estas cartas y documentos, además de otros aún más antiguos, fueron donados por el autor a la Sala Patrimonial Documental de la Biblioteca de la Universidad Eafit en Medellín, Colombia, para su conservación (Archivo: Flia. Carvajal Botero).

Para saber más sobre el autor, sus novelas, relatos y demás escritos, entre a la página web: http://sites.google.com/site/mateolevi


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